10/01/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Mujeres migrantes en la Argentina de Milei, señaladas, expulsables y sin derechos. Imagen: Web.
Trabajan, crían, aportan y sostienen la Argentina real. Pero desde que Javier Milei llegó al poder, las mujeres migrantes volvieron a ser el blanco perfecto: pobres, extranjeras y mujeres. Con el DNU 366/2025, el Estado no solo les quitó derechos, también les colgó un cartel en la espalda: sobran.
Este 9 de enero, en el Día de la Mujer Migrante, la memoria vuelve a gritar un nombre que incomoda al poder: Marcelina Meneses.
Marcelina era boliviana, tenía 31 años y llevaba a su bebé Joshua, de apenas 10 meses, al médico. Viajaba en el tren Roca, cargada de bolsos y cansancio. Nadie le cedió el asiento. En cambio, recibió insultos. “Bolita de mierda”, le gritaron. Los agravios crecieron hasta que alguien la empujó del tren en la estación Avellaneda —hoy Santillán y Kosteki—.
Marcelina y su hijo murieron arrollados por el tren.
Fue en enero de 2001. Nunca hubo justicia.
Pero hoy, 25 años después, el odio que la mató volvió a ser política pública.
Cuando el Estado legitima el desprecio
En 2012, la Legislatura porteña estableció el 10 de enero como el Día de las Mujeres Migrantes. No fue un gesto simbólico: fue un recordatorio de lo que pasa cuando la xenofobia deja de ser un murmullo y se convierte en regla.
“En épocas de crisis, la bronca siempre cae sobre los más vulnerables”, dice Delia Colque, de Ni Una Migrante Menos. Migrante boliviana, trabajadora textil, sobreviviente del ajuste permanente.
Las acusan de todo:
– de robar trabajo
– de saturar hospitales
– de vivir de planes
– de tener hijos “para cobrar”
La realidad es otra: trabajan más, cobran menos y viven con miedo. Pagan alquiler, impuestos, comida, transporte. Sostienen sectores enteros de la economía informal que el Estado mira pero no reconoce.
El DNU 366/2025: ajuste, castigo y expulsión
En mayo de 2025, el gobierno libertario modificó la Ley de Migraciones por decreto. Sin debate. Sin consenso. Sin humanidad.
El resultado: más trabas para la residencia, más expulsiones y menos acceso a la salud.
Para las mujeres migrantes, el golpe es doble.
Muchas viven situaciones de violencia de género, pero ya no denuncian. ¿Por qué? Porque si lo hacen, Migraciones expulsa al agresor. Y expulsarlo no soluciona nada: deja a las mujeres solas, sin ingresos, con hijos y sin protección. El mensaje es claro: callate o quedás a la deriva.
Otras directamente quedaron afuera del sistema de salud. Hay mujeres con cáncer sin quimioterapia. Embarazadas sin controles. Mujeres que necesitan interrumpir un embarazo y no pueden. El derecho se convirtió en privilegio.
La Argentina que expulsa
Desde que Milei llegó a la Casa Rosada, la narrativa oficial volvió a lo peor: culpar a los migrantes del delito, de la crisis, del colapso. El mismo libreto que Macri, pero más crudo y sin disimulo.
Eso habilitó lo que siempre estuvo latente: el racismo explícito. El maltrato cotidiano. La violencia normalizada.
Separación de familias. Retornos forzados. Migrantes que se van porque ya no aguantan más.
“La gente avala porque lo avala el gobierno, los medios y una parte de la sociedad”, advierte Delia. Y no exagera.
Organización frente al abandono
Mientras el Estado ajusta y estigmatiza, las organizaciones resisten como pueden. Ni Una Migrante Menos y Migrantes en Acción organizan actividades en Avellaneda y Lugano para recordar a Marcelina y a Joshua. No desde la nostalgia, sino desde la urgencia.
Hoy, militar también cuesta. La crisis obliga a tener dos o tres trabajos. La supervivencia le gana al activismo. Aun así, siguen informando, conteniendo y organizando.
Porque si algo dejó claro la historia de Marcelina Meneses es esto:
cuando el odio se legitima desde arriba, mata.
Y porque si el Estado decide expulsar derechos, la memoria y la organización siguen siendo la última trinchera.







