27/02/2026.- Salta al Instante.- Por Gaby Pachteng.- Foto portada: Foro de Intendentes de la Provincia de Salta- Imagen: Web.
Los municipios de Salta están al borde del colapso económico. El presidente del Foro de Intendentes, Marcelo Moisés, admitió sin eufemismos que “el panorama no es de lo mejor”, y lo dijo con crudeza: con una economía paralizada, transferencias nacionales reducidas y tributos propios que ya no alcanzan ni para pagar los servicios básicos, los gobiernos locales enfrentan una asfixiante crisis financiera que amenaza con volcar gobiernos comunales enteros sobre sus propios habitantes.
Moisés apuntó directamente a la caída de la actividad comercial como la punta del iceberg: “cuando la actividad económica está totalmente parada, cae la recaudación de impuestos coparticipables, lo que impacta de manera directa en las arcas de la provincia y de los municipios”. Esa confesión pública no es un diagnóstico aislado, los datos oficiales muestran que la inflación sigue elevada y los ingresos reales se reducen, con salarios que pierden contra los precios y consumo que se derrumba.
La advertencia de Moisés es dramática no solo por el presente, sino por el futuro: “hasta que se liquide ganancias en mayo, vamos a tener un descenso permanente de la coparticipación” agudizando el déficit municipal en pleno 2026. Mientras tanto, muchos municipios ya decidieron priorizar asistencia social y servicios básicos, sacrificando obras y servicios urbanos elementales para sostener la mínima asistencia a los sectores más vulnerables.
Este caldo de cultivo ya dejó efectos palpables en toda la economía provincial. Informes recientes revelan que entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025 Salta perdió 314 empresas y más de 7.000 empleos formales, con una caída que golpea fuerte al comercio, la construcción y los servicios vinculados al consumo.
La crisis repercute con fuerza en sectores clave. La hotelera y gastronómica denuncia una caída del consumo de hasta 40%, reducciones de personal y una rentabilidad que roza el colapso, mientras los empleadores de actividades intensivas en mano de obra flotan en un escenario de retracción constante.
Aunque desde algunos sectores de gestión local se intentan matizar las cifras —como mesas de diálogo con empresariado para estimular inversiones— la radiografía es sombría y no es patrimonio de lo local: más de 60% de salteños calificó recientemente la situación económica como “mala” en encuestas de percepción ciudadana, reflejando un descontento profundo con la realidad de ingresos, precios y oportunidades.
La reducción de transferencias y la caída de la recaudación no solo desgarran los presupuestos municipales sino que alimentan un descontento que amenaza con devenir en conflictividad social y política. En Salta, la crisis ya no es una advertencia: es la foto brutal de administraciones locales sosteniendo servicios esenciales con los dedos, mientras la provincia en su conjunto se hunde en un presente económico que más que incierto parece implacable.







