28/04/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Javier Milei. Imagen: Noticias Argentinas.
El termómetro del poder económico marcó frío. En la cena de la Fundación Libertad, ese santuario del empresariado en Parque Norte donde suelen sobrar sonrisas y complicidades, Javier Milei habló largo, agitó gráficos y lanzó consignas… pero los aplausos brillaron por su ausencia. El “Círculo Rojo” escuchó, sí, pero con gesto adusto y manos quietas.
El Presidente se paró frente a los dueños del poder económico con un libreto ya conocido: pidió no “dejarse psicopatear” ni escuchar “el relato kuka”, y prometió, otra vez, que la inflación será derrotada. “La demanda de dinero está subiendo”, repitió, como si la fe pudiera reemplazar a los indicadores que preocupan a los mismos empresarios que tenía enfrente. El problema es que esta vez no hubo devolución entusiasta: apenas silencio y miradas incómodas.
En un intento de convertir debilidad en relato, Milei defendió la caída del empleo formal con una pirueta conceptual: celebró que 400 mil personas hayan caído en la informalidad, presentándolo como un paso previo a la “modernización laboral”. La explicación dejó más interrogantes que certezas. Ni siquiera la primera línea del Gobierno —Manuel Adorni, Karina Milei, Patricia Bullrich, Martín Menem, Luis Petri— logró disimular la falta de reacción.
Pero el Presidente no se guardó nada. Redobló su ofensiva contra Axel Kicillof, al que volvió a tildar de “soviético”, y también descargó munición contra pesos pesados del propio establishment. Sin nombrarlos directamente, apuntó contra Paolo Rocca y Javier Madanes Quintanilla, cuestionando precios y privilegios. El mensaje fue claro: el ajuste no distingue aliados, aunque el silencio de los señalados pesó más que cualquier réplica.
En ese clima enrarecido, Milei denunció un supuesto “saboteo” de empresarios, medios y políticos contra su programa económico. Aseguró que su gestión resistió por “la solidez” del plan y no por ayuda externa, y ratificó su rumbo sin concesiones: “No nos vamos a apartar un ápice de nuestra ortodoxia”. Una declaración de principios que, lejos de entusiasmar, pareció reforzar la distancia con un empresariado que empieza a mostrar señales de fatiga.
El propio Presidente, en un desliz poco habitual, reconoció “la frustración de la gente” en los últimos meses, producto del impacto económico. Pero la admisión no alcanzó para revertir la sensación dominante: un gobierno que insiste en su libreto mientras el auditorio que debería respaldarlo empieza a dudar.
La escena previa terminó de subrayar la incomodidad. Mauricio Macri fue convocado al escenario casi en el horario central, en un gesto que muchos leyeron como señal política. Su mensaje sobre el agotamiento del populismo sonó más como advertencia que como respaldo. Y cuando finalmente Milei subió, ya no quedaba clima de celebración.
La noche cerró sin épica y con un dato difícil de maquillar: el Presidente habló para convencer, pero el poder económico eligió escuchar en silencio. En la Argentina de Milei, hasta el Círculo Rojo empieza a bajar las manos.







