25/02/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Panadería. Imagen: Facebook.
Mientras la Argentina transita una tormenta económica que no da tregua, el sector panadero de Salta empieza a vivir una verdadera crisis de pan y agua: hay menos consumo, menos producción y dueños de panaderías pronunciando palabras que nadie quería escuchar en 2026: “recesión fuerte” y el fantasma de la estanflación rondando la economía local. La pregunta que inquieta a todos es brutal y directa: ¿estamos a un paso de ver desaparecer algunos de los hornos más clásicos de la ciudad?
El presidente Federación de Industriales Panaderos de Salta (FIPSA), José Vélez, lo dijo sin eufemismos: “Hay una fuerte recesión en el sector, la venta de pan y facturas no levanta cabeza y muchos negocios chicos están al borde de cerrar”. Vélez no se anda con medias tintas: asegura que “la gente compra menos, busca reemplazos más baratos o directamente sale menos de su casa a consumir”, un fenómeno que no solo golpea a los panaderos sino que hace ruido en toda la economía popular.
Los números que manejan desde la cámara panadera son tan crudos como la realidad en las calles: en muchas panaderías la venta de pan común bajó más de un 15% en los últimos seis meses, y en rubros asociados —como facturas, medialunas, y productos dulces— la caída llega a cifras de dos dígitos. Un clásico mediodía en Salta, con la gente mirando la vidriera en vez de entrar con confianza a comprar pan caliente, es la postal que hoy describe al sector, cuenta Vélez con preocupación.
“Están faltando pesos en el mostrador”
El problema no es solo de consumo: la caja de las panaderías está sintiendo el impacto de la inflación real en los precios de los insumos básicos. El trigo, la harina, la levadura, la energía eléctrica y el gas —pilares centrales del pan— no dejan de encarecerse. Vélez lo explicó con crudeza: “Si no hay volumen de venta, no hay margen para sostener la cadena de pagos con nuestros proveedores, y el riesgo de cierres o suspensiones es real”.
En Salta ya hay testimonios de panaderos que confesaron a este medio que están “tirando de ahorros familiares” para sostener el negocio y evitar mandar a sus empleados al seguro de desempleo. Algunos llegaron a confesar que pensaron cerrar las puertas definitivamente si no hay un repunte del consumo o algún incentivo fiscal que alivie el golpe del deterioro económico.
El fantasma de la estanflación
Y no es casualidad que en las oficinas del sector económico suene fuerte la palabra que nadie quería volver a escuchar: estanflación. Ese combo letal de inflación alta con crecimiento cero que se llevó a la Argentina por delante en décadas pasadas vuelve a merodear las expectativas de economistas, empresarios y consumidores por igual. Vélez fue tajante: “No deseamos entrar en estanflación, pero la caída de ventas y la persistente suba de costos es un cóctel peligroso”.
Este no es un discurso aislado. En la macroeconomía nacional se vienen reportando varios indicadores que acompañan este derrumbe del consumo: el consumo masivo cayó un 0,8% en enero de 2026, el gasto de los hogares retrocede frente a la inflación persistente y sectores sensibles como alimentos y bebidas están sintiendo la presión más fuerte desde hace años. Y el pan, ese producto que debería ser básico e infaltable, aparece cada vez más caro y comprado con menos frecuencia. (Ver también “Colapso del consumo masivo en enero 2026”).
Economía que duele en el mostrador
Los consumidores salteños sienten la recesión en sus carteras: parados frente al mostrador de la panadería, más de uno ha calculado mentalmente los precios o reemplazado productos tradicionales por opciones más baratas. El fenómeno no distingue barrio ni clase social: el que podía comprar pan y facturas todos los días ahora restringe sus compras, mide cada peso y postergan gastos. Esa contracción de la demanda tiene efecto dominó: menos compras hoy significan menos producción mañana, y el ciclo se retroalimenta en la economía real.
Además, la caída del consumo en panaderías tiene efectos colaterales: proveedores de harina, distribuidores de gas, trabajadores con ingresos reducidos y toda una constelación de actividades productivas y comerciales conviven con una dinámica que se va complicando.
Crisis del pan = crisis social
La advertencia de Vélez no es un discurso alarmista; es una fotografía de lo que ocurre en la calle y en los mostradores de Salta: panaderías con menos clientes, costos que siguen subiendo, ventas que no logran recuperarse y la sombra de la estanflación apuntando al corazón del consumo.
La pregunta que todo salteño se hace al entrar a una panadería hoy es directa: ¿Cuánto vamos a pagar por ese kilo de pan mañana, y cuánto menos podremos comprar si sigue esta cuesta abajo?
Si las panaderías —centinelas de la comida cotidiana— están en recesión, lo que viene para la economía real podría ser más que una mala racha: una sentencia colectiva que golpea al bolsillo y al humor social.







