12/02/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Pasaje Miramar y la intersección con calle Lerma. Imagen: Web.
El Pasaje Miramar y la intersección con calle Lerma, en pleno corazón barrial de Salta, pasaron de ser una senda común a un símbolo de desidia urbana y riesgo para la gente cuando, tras las inundaciones de enero, la vereda peatonal se hundió y dejó un pozo en la calle que pudo haber terminado en tragedia para quienes circulan a diario por allí. Lo que para la Secretaría de Obras Públicas es una “intervención para garantizar la seguridad de los vecinos”, para los residentes de la zona era hasta hace días un peligro abierto con los restos de losas fracturadas, testimonio de décadas de abandono estructural.
Durante el verano, el temporal que azotó la ciudad no fue un fenómeno menor: las drenajes obsoletos y el paso de miles de personas por ese pasaje dejaron al descubierto que las veredas, con más de 30 años de antigüedad, estaban cuarteadas y debilitadas por la corrosión del tiempo y del agua. El hundimiento, ahora cubierto por un operativo de obra, había generado preocupación entre vecinos y comerciantes del microcentro, que denunciaron el riesgo de accidentes e incluso compartieron videos de autos y motocicletas sorteando huecos que prácticamente parecían cráteres urbanos.
La respuesta municipal, comandada por el secretario de Obras Públicas, Gastón Viola, fue intervenir la zona con demolición de losas dañadas y la colocación de armadura de vigas estructurales, antes de avanzar con el hormigonado definitivo, bajo la supervisión técnica del Colegio Profesional de Arquitectura y Urbanismo (COPAIPA). Viola explicó que el deterioro se produjo por el desgaste de materiales antiguos más allá de los episodios de lluvia recientes.
Pero para los vecinos la medida llega tarde: durante semanas peatones y ciclistas caminaron al borde de un boquete urbano sin señalización adecuada, sin que ninguna autoridad local habilite pasos provisionales seguros ni alertas visibles para evitar accidentes. Las constantes quejas en redes sociales y entre comerciantes del anexo del Mercado San Miguel —en el mismo pasaje— se centraron en la falta de prevención y mantenimiento de un área clave para la vida comercial y peatonal del centro.
El municipio solicitó a los vecinos respetar las indicaciones del personal de tránsito y obra para “garantizar la seguridad de los trabajadores y prevenir accidentes”, pero entre quienes transitan la zona crece la desconfianza por lo que consideran obras parches frente a una infraestructura pública que se derrumba sin respuestas estructurales de fondo.
La intervención en Pasaje Miramar expone, además, la herencia de décadas de falta de mantenimiento de espacios peatonales claves para la conectividad de la ciudad, y aviva un reclamo latente: que las inversiones públicas no sean solo reactivas después de los temporales, sino parte de un plan de renovación urbana que no deje a los vecinos expuestos a veredas que parecen trampas.
Mientras se prepara el siguiente paso de la obra —el hormigonado definitivo bajo supervisión técnica—, quien camine por el microcentro de Salta no solo ve andamios y vigas nuevas, sino la grieta abierta entre las promesas de seguridad oficial y la realidad de un barrio que pide, hace tiempo, vivir sin miedo a caerse por una vereda rota.







