23/01/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Incendio en la Patagonia. Imagen: Web.
Lo que comenzó como un foco ígneo más en la cordillera chubutense se transformó en una catástrofe ambiental y social de proporciones inéditas: el fuego avanza sin control, ya arrasó más de 30.000 hectáreas de bosques, pastizales y áreas rurales, obligó a evacuar a decenas de familias y mantiene a comunidades enteras en estado de emergencia.
El epicentro del desastre está en la Comarca Andina chubutense, donde el incendio forestal surgido en Puerto Patriada y zonas aledañas no solo destruyó vegetación nativa de alto valor ecológico, sino que también amenaza con consumir viviendas, chacras y escuelas mientras las llamas se acercan a zonas pobladas.
Brigadistas, bomberos y cientos de vecinos trabajan en condiciones extremas para intentar contener un fenómeno que expertos y autoridades describen como absolutamente descontrolado, con temperaturas extremas, vientos intensos y un contexto de sequía histórica que convierte al bosque en combustible seco.
Lo que agrava la situación es la proximidad del fuego a infraestructuras críticas: en El Hoyo y Epuyén, las llamas se dirigen hacia una subestación eléctrica del Sistema Interconectado Nacional, poniendo en riesgo el suministro energético de toda la región si llegaran a alcanzarla.
Además del impacto ambiental, el avance de las llamas ya obligó a evacuar pobladores rurales y residentes de zonas amenazadas, que debieron abandonar sus hogares mientras el incendio se propaga en un terreno accidentado y difícil de combatir.
La investigación sobre el origen del fuego sigue en curso, y autoridades provinciales no descartan que haya indicios de intencionalidad en su inicio en sectores de vegetación muy inflamables, lo que abriría la puerta a una causa penal por daños ambientales y responsabilidad por el desastre.
La continuidad del fuego ha llevado a reforzar los operativos con más brigadistas, apoyo aéreo y equipos especializados, pero el pronóstico meteorológico —con calor extremo, sequía prolongada y vientos secos— mantiene la emergencia en su punto más crítico y complica cualquier chance de control efectivo en el corto plazo.
En medio de esta tragedia, las críticas hacia la falta de prevención, el desfinanciamiento de políticas de manejo del fuego y la ausencia de un plan de contingencia robusto se multiplican, mientras el paisaje de la Patagonia chubutense se transforma en un mar de cenizas y humareda con consecuencias ambientales, económicas y sociales que apenas empiezan a medirse.







