12/05/2026.- Salta al Instante.- Foto portada:
La fractura dentro del universo libertario ya dejó de ser una simple interna palaciega. Lo que empezó como tensiones silenciosas alrededor de Manuel Adorni terminó convirtiéndose en una pelea abierta por el control político del futuro de la derecha argentina. Y en esa batalla, Patricia Bullrich decidió mover una ficha decisiva: empezar a despegarse públicamente de los escándalos que rodean al círculo íntimo de los Milei.
En el entorno de Bullrich ya no esconden el diagnóstico. Consideran que el caso Adorni golpeó directamente al karinismo y dejó expuesta una estructura de poder cerrada, personalista y cada vez más intoxicada por denuncias, operaciones y sospechas de corrupción.
La ministra —hoy proyectada hacia el Senado tras su salida del Ministerio de Seguridad— entendió que el desgaste del Gobierno puede abrir una oportunidad política enorme para posicionarse como la continuidad “ordenada” del modelo económico libertario, pero sin los costos del caos interno ni el ruido de los escándalos.
El mensaje que empieza a construir Bullrich apunta directo al establishment económico, empresarial y mediático que todavía respalda el ajuste de Javier Milei, pero observa con creciente preocupación el funcionamiento del núcleo duro que rodea al Presidente.
“Orden fiscal, reformas, baja de inflación y seguridad, pero sin corrupción y con institucionalidad”, resumen cerca de Bullrich. Traducido al lenguaje político: mantener el programa económico libertario, pero reemplazar el desorden del mileísmo por una derecha más tradicional, más previsible y con mejores vínculos con el poder económico real.
La ruptura con Karina Milei ya parece irreversible. En el bullrichismo acusan a la hermana presidencial y al entorno de los Menem de haber intentado licuar políticamente a Patricia desplazándola del Ministerio de Seguridad para enviarla al Senado. Lo que buscaba ser un disciplinamiento terminó funcionando al revés.
Fuera del gabinete, Bullrich ganó autonomía política. Ya no depende de la firma presidencial para sobrevivir y empezó a recuperar margen de maniobra para construir un proyecto propio.
En ese contexto, el escándalo Adorni actuó como catalizador. La ministra interpretó que el blindaje desesperado que hizo Milei sobre su vocero dejó expuesto un problema mucho más profundo: un gobierno cada vez más encerrado en sí mismo, incapaz de procesar críticas internas y cada vez más condicionado por el círculo de Karina.
Por eso Bullrich empezó a mostrarse como algo más que una aliada incómoda. Quiere convertirse en alternativa.
Y esa jugada la pone inevitablemente en rumbo de colisión con Mauricio Macri.
El líder del PRO también detectó el desgaste libertario y volvió a activar conversaciones sobre una posible candidatura presidencial propia para 2027. Pero el problema para Macri es que Bullrich empezó a disputarle exactamente el mismo territorio político: el voto duro antiperonista, el respaldo empresarial y la representación de una derecha económica ortodoxa.
La tensión ya se volvió pública. Fernando De Andreis, uno de los operadores más cercanos a Macri, salió a cuestionar a Bullrich acusándola de “pasar de un partido a otro”. En el entorno de Patricia interpretaron el ataque como una señal de alarma: Macri entendió que ella puede transformarse en una amenaza real para su liderazgo.
Y los números empiezan a preocupar al expresidente. Cerca de Bullrich aseguran que las encuestas la muestran con mejor imagen que Milei y muy por encima de Macri. Ese dato alimenta la hipótesis que hoy circula entre empresarios, financistas y sectores de poder: si el desgaste libertario continúa, Patricia podría transformarse en el vehículo político más viable para garantizar continuidad económica sin el costo del desorden mileísta.
Por eso la dirigente ya reforzó vínculos con figuras clave del establishment argentino. En su entorno mencionan contactos permanentes con empresarios de peso como Paolo Rocca y Héctor Magnetto, además de otros actores del círculo rojo que empiezan a explorar escenarios alternativos para el futuro político del país.
La idea que circula en el bullrichismo es tan ambiciosa como brutalmente pragmática: convertirse en “el plan A del establishment y el plan B de Milei”.
Es decir, si el Presidente logra sostenerse competitivo, Bullrich podría negociar dentro de una coalición ampliada de derecha. Pero si la crisis política, económica y los escándalos terminan erosionando seriamente al oficialismo, Patricia quiere estar lista para ocupar el vacío y quedarse con la conducción del espacio.
La paradoja es feroz. La dirigente que fue absorbida por el fenómeno libertario ahora empieza a trabajar silenciosamente para sobrevivir al eventual derrumbe político del propio mileísmo.
Y mientras Karina Milei sigue concentrando poder dentro de la Casa Rosada, Bullrich parece haber tomado una decisión definitiva: dejar de ser una subordinada y empezar a actuar como heredera potencial del proyecto libertario.
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