PIDEN CERRAR FRONTERA CON BOLIVIA POR BROTE DE CHIKUNGUNYA

25/02/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Ilustrativa. Web.
El norte de Salta está al rojo vivo. No es una metáfora: **autoridades, intendentes y vecinos de localidades como Embarcación, Aguaray y General Ballivián están exigiendo nada menos que **el cierre total de la frontera con Bolivia, por al menos una semana, para detener el avance de la chikungunya, una enfermedad viral transmitida por mosquitos que ya se transformó en un foco de preocupación sanitaria y social sin precedentes en la provincia. La solicitud fue elevada formalmente a las autoridades provinciales y nacionales, con nombres y firmas sobre la mesa, y con un mensaje contundente: “Si seguimos así, vamos a tener un desastre sanitario”.

El pedido —que no es un reclamo menor— lo encabezan los intendentes opositores y también algunos oficialistas de los departamentos fronterizos, quienes reclaman al Ministerio de Salud de la Nación y al Gobierno de Salta que tomen medidas urgentes y drásticas ante lo que ya se percibe como una crisis de salud pública. La idea de cerrar la frontera apunta a frenar el ingreso de personas infectadas y, con eso, detener la expansión de los casos autóctonos que en las últimas semanas se multiplicaron como un reguero de pólvora.

La chikungunya ya no es un rumor en pueblos como Embarcación, donde decenas de vecinos presentaron síntomas clásicos de la enfermedad —fiebre alta, dolores articulares y erupciones cutáneas— y donde los centros de salud locales empiezan a verse colapsados por consultas diarias. Vecinos indignados, muchos de ellos vinculados con instituciones intermedias y organizaciones comunitarias, se plantaron frente a la municipalidad para reclamar respuestas concretas y el corte del tránsito fronterizo.

“El mosquito viene y va, pero la gente cruza la frontera todos los días y trae la enfermedad. No queremos que esto siga así, estamos cansados de ver cómo la gente se enferma”, dijo uno de los dirigentes vecinales en un micrófono abierto durante la protesta en Embarcación, replicando el sentimiento de miles de personas que sienten que las autoridades han llegado tarde.

La decisión de cerrar la frontera no solo tiene impacto sanitario: es una bomba económica para la vida cotidiana de los comerciantes, productores agrícolas y transportistas que dependen de la circulación hacia y desde Bolivia. Pero para muchos habitantes del norte salteño, el riesgo sanitario supera cualquier cálculo de pérdidas comerciales. “Si con el comercio nos enfermamos toda la población, ¿de qué sirve?”, planteaba sin rodeos una comerciante de la zona, con la voz quebrada por la preocupación y el cansancio de ver crecer la lista de afectados.

La chikungunya no es la única preocupación en la región: vecinos también reportan dolores articulares persistentes y cuadros que podrían confundirse con dengue, lo que obliga a los centros de salud a extremar cuidados y a redoblar esfuerzos en diagnósticos y atención. En algunos casos, la mezcla de síntomas complica la asistencia médica y extiende el tiempo de internación. Las autoridades sanitarias locales reconocen que hay complicaciones para diferenciar entre dengue y chikungunya, por lo que el sistema de vigilancia epidemiológica de Salta se encuentra en alerta máxima.

El Ministerio de Salud de Salta, por medio del secretario provincial, aseguró que están reforzando las campañas de concientización y fumigación, pero no confirmó el cierre de fronteras. Desde la cartera sanitaria advirtieron que la situación es “compleja y dinámica” y que se tomarán medidas según el avance de los casos y recomendaciones de expertos.

Mientras tanto, en las calles de Embarcación y Aguaray, la tensión social crece por día. El reclamo del cierre de la frontera fue firmado por legisladores provinciales, intendentes y referentes comunitarios, que exigen decisión política inmediata o, de lo contrario, habrá protestas más duras. El mensaje es uno solo: Salta no quiere más excusas ni medias tintas frente a un problema de salud pública que se expande sin control.

Y entre vecinos que ponen el cuerpo en la calle y funcionarios que apuran reuniones en despachos, la pregunta que retumba en el norte salteño es brutal y directa: ¿quién va a responder si esta crisis sanitaria termina en tragedias evitables?