POLÍTICAS DE MILEI EN SALTA: Las ventas en supermercados salteños cayeron en 2025 pese al freno inflacionario

16/02/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Salta, cuando baja la inflación pero se vacían los carritos. Imagen: Ilustrativa. Web.

La economía que prometió recuperación no consigue que la gente compre: a pesar del freno inflacionario, las ventas en supermercados salteños siguieron cayendo en 2025, reflejo de una economía que se desangra desde abajo hacia arriba.

En Salta, la promesa oficial de que la desaceleración de precios reactivaría el consumo chocó con una realidad cruda: las ventas en los supermercados salteños continuaron su desplome durante 2025, y eso ocurrió a pesar del freno inflacionario que el Gobierno de Javier Milei pone como logro de su gestión económica. Lo que debería haber sido un alivio para los bolsillos terminó siendo apenas un espejismo para el comercio que ya registra pérdidas nominales entre enero y noviembre del año pasado.

Menos compra, menos plata en el bolsillo

Los salteños no llenan sus carros. Esa es la foto que deja la estadística: pese a que la inflación —especialmente la de alimentos— mostró desaceleraciones respecto a años anteriores, eso no se tradujo en una recuperación del consumo básico. Este fenómeno no ocurre solo en Salta: a nivel nacional, las ventas en supermercados y autoservicios han estado en rojo hasta 15 meses consecutivos, según un informe de consultora Scentia que detectó caídas del consumo masivo cercano al 10% en febrero en todo el país.

Para especialistas del sector, cuando los ingresos reales de las familias se contraen, el freno de precios no alcanza para recuperar volumen de ventas. En Salta, la combinación de salarios que no crecen, pérdida de poder adquisitivo y una fuerte retracción del consumo hace que incluso con precios más “estables” el saldo sea negativo para los supermercados. Estudios provinciales muestran que, incluso descontando inflación, categorías esenciales como alimentos y bebidas no logran revertir sus bajas de ventas en términos reales.

El bolsillo caliente, el consumo frío

Mientras carnes, panadería y frutas mantienen cierta demanda relativa, otros rubros como artículos de limpieza, perfumería o ciertos productos no esenciales sufren golpes más fuertes. Esto no es un fenómeno aislado salteño: en otras provincias del interior también se reportan caídas reales de consumo en supermercados, lo que refuerza la idea de que el freno inflacionario no está llegando donde debería.

Y no se trata solo de cifras frías: datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) muestran que en el país las ventas en supermercados retrocedieron reales interanuales incluso hacia fines de 2025, con caída del consumo a precios constantes y un mayor uso de financiamiento en tarjeta para sostener compras básicas.

Promesas que chocan contra la calle

El Gobierno, por su parte, suele enfocar sus anuncios en la mejora de algunos indicadores de inflación general y alimentaria como un signo de orden macroeconómico. Incluso mediadores de la política oficial llegaron a minimizar las caídas del consumo argumentando que “la gente compra más por canales digitales” cuando las cifras reales no muestran recuperación clara.

Pero la percepción en la calle es otra. Comerciantes salteños consultados por este diario explican que los clientes llegan con menos dinero, buscan productos más baratos o directamente reducen sus compras semanales, lo que golpea el flujo de caja de las cadenas de supermercados y complica la sustentabilidad de muchos locales. El círculo se retroalimenta: menos consumo significa menos ingresos para mantener empleados, existencias y márgenes.

Un síntoma, no un dato técnico

La caída de las ventas en los supermercados de Salta durante 2025 no es solo una estadística económica: es el reflejo de un deterioro de la capacidad de compra de la población en un contexto donde la inflación, aunque más baja, sigue siendo alta frente a los salarios reales. Es el síntoma de una economía que no logra traducir números favorables en bienestar tangible para las mayorías.

Mientras algunas líneas oficiales celebran la desaceleración de precios como gran logro, los carritos siguen vacíos, y cada góndola con menos ventas es un recordatorio de que la economía aún no funcionó para quien la camina cada día.