26/01/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: La reforma laboral de Milei, pretende que deje de existir la base de aportantes al sistema jubilatorio del ANSES, el verdadero objetivo es reventar el sistema jubilatorio para dejar de pagarle a los jubilados.
El Gobierno de Javier Milei acelera una reforma laboral que no solo debilita los derechos de los trabajadores, sino que amenaza con vaciar los ingresos públicos y profundizar el ajuste en un contexto social ya debilitado. La iniciativa oficial, en discusión en el Congreso, implica una reducción de las contribuciones patronales, recortes fiscales e instrumentos que resignan recursos estatales equivalentes a seis leyes de financiamiento universitario, según analistas económicos.
La reforma, impulsada con urgencia por el oficialismo, coloca a los jubilados y a los asalariados formales en la línea de los más perjudicados, mientras abre aún más el mercado laboral a criterios empresariales de flexibilidad extrema. La creación de un llamado “fondo de cese laboral” para reemplazar indemnizaciones dejó al descubierto la lógica que domina el proyecto: sustituir protecciones por instrumentos financierizados que alivian al empleador a costa del trabajador y del sistema de seguridad social.
La oposición y los sindicatos alertan que el texto fragua, bajo una apariencia técnica, una reconfiguración desfavorable de los derechos laborales. Para sectores críticos, la reforma no busca “modernizar” el trabajo, sino facilitar despidos y precarizar condiciones de empleo, lo que aceleraría la pérdida de poder adquisitivo en un país donde los ingresos ya se encuentran erosionados por la inflación y la crisis de consumo.
La discusión parlamentaria tiene lugar en una Argentina donde la conflictividad social está en aumento. Organizaciones gremiales, movimientos sociales y referentes políticos convocan a movilizaciones contra el ajuste y la precarización que representa la reforma impulsada por el Ejecutivo, denunciando no solo el impacto material sobre jubilados y trabajadores, sino también el avance de una agenda de desregulación profunda que redefine las reglas del mercado laboral en favor de las grandes empresas.
Lejos de limitarse a cuestiones técnicas, la reforma laboral se ha transformado en síntoma de una política económica más amplia: más ajuste fiscal, mayor flexibilización de derechos y una apuesta por reconfigurar el empleo en detrimento de las protecciones sociales históricas. En esta narrativa, el cierre de brechas de derechos aparece subordinado a la lógica del mercado, mientras que la sociedad asiste a un vaciamiento deliberado de la seguridad social y de los mecanismos que protegían a los sectores más vulnerables.







