02/12/2025.- Salta al Instante.- Foro portada: El gobierno acelera su proyecto y las bases sindicales ya reclaman medidas de fuerza. Imagen: NA/Damián Dopacio.
El gobierno ya tiene listo el borrador definitivo de la reforma laboral que busca aprobar en las sesiones extraordinarias de diciembre y enero. El texto –que aún no se hizo público– está desde hace días en manos del titular de Diputados, Martín Menem, mientras que en la CGT crece una mezcla de desconfianza, malestar y presión desde abajo para avanzar hacia una huelga general.
La iniciativa surgió de las negociaciones del Consejo de Mayo, ese dispositivo institucional donde conviven gobernadores, cámaras empresarias y la propia CGT. Pero el aval sindical, una condición que el oficialismo pretendía exhibir como trofeo de consenso, nunca llegó.
El dirigente de la UOCRA, Gerardo Martínez, designado por decreto en ese ámbito, aseguró que el texto no cuenta con el apoyo del movimiento obrero. “La CGT no acompaña la reforma”, admitió, aunque evitó precisar qué modalidad tendrá ese rechazo. Como gesto, insistió en abrir un diálogo “que no toque derechos adquiridos”, una frase que para muchos sectores ya suena extemporánea frente al avance del Ejecutivo.
La conducción, entre la cautela y el desconcierto
El triunviro Jorge Sola fue aún más explícito: “Lo que sabemos hasta ahora son trascendidos. No estamos sentados en ninguna mesa”, afirmó en Futurock.
El dirigente advirtió que si el proyecto replica el DNU 70/2023, la respuesta será negativa. Además deslizó que el debate está mal planteado: primero debería discutirse una reforma tributaria, y recién después una supuesta “modernización laboral”.
Pero la línea oficialista dentro de la CGT convive con un clima interno cada vez más tenso.
Las bases piden calle: huelga y movilización
Desde otros sectores de la central obrera crecen las posturas más duras. El diputado de Unión por la Patria y referente del SMATA, Mario “Paco” Manrique, rechazó de plano la iniciativa: “Es una reforma para debilitar a los sindicatos y profundizar un modelo desindustrializador”.
Manrique apuntó al corazón del relato oficial: “Ningún empresario va a tomar personal que no necesita, aunque el trabajador fuera gratis”. Recordó que “se cierran 30 fábricas por día” y exigió “más movilización y menos contemplación”.
El reclamo no es aislado. El aceitero Daniel Yofra, uno de los dirigentes más firmes dentro de la CGT, reivindicó sin rodeos la huelga general. “La huelga nos cambió la vida: éramos pobres y hoy los aceiteros pueden irse de vacaciones”, recordó.
Y lanzó un mensaje directo a la conducción: “¿Por qué tanta contemplación con empresarios que vinieron a hacernos la guerra? Quieren sacarnos derechos que costaron vidas, cárcel y desapariciones. Nuestra obligación es defender esa lucha”.
Un frente sindical que se abre
La presión por medidas de acción directa no solo expresa una disputa sobre tácticas: expone una fractura creciente dentro de la propia CGT. Si el triunvirato mantiene una postura dialoguista frente al avance gubernamental, el oficialismo sindical corre el riesgo de quedar desbordado por sus propias bases.
Con la reforma laboral lista para entrar a comisiones, el verano se asoma caliente. Y no por el clima: lo que está en juego es el modelo de relaciones laborales, la cohesión del movimiento obrero y la capacidad de respuesta frente a un gobierno decidido a ir a fondo.







