06/02/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: LLA cree que le dan los números para la reforma laboral y el peronismo continúa dividido.
En un Congreso cada vez más fragilizado y partido al medio, La Libertad Avanza (LLA) avanza con paso firme —y sin complejos— hacia la media sanción de la reforma laboral, convencida de que alcanzará los votos necesarios pese a la desconfianza incluso de sus aliados. Así lo dejaron entrever en sus pasillos, donde el silencio de la Casa Rosada resuena más fuerte que cualquier negociación con el peronismo dividido y desconectado de su base social.
A siete días de la sesión clave en el Senado, el oficialismo apuesta a una media sanción en general aún sin asegurar unanimidad entre sus propios bloques. La senadora Patricia Bullrich y los radicales ya dijeron “presente”, aunque varios aliados provinciales siguen sin comprometer el voto íntegro, replicando un escenario ya visto con la votación del presupuesto.
Mientras tanto, en el seno del peronismo —una fuerza que históricamente fue columna vertebral del movimiento obrero argentino— estallan tensiones y versiones de ruptura, con Convicción Federal a punto de abandonar el interbloque Justicialista y debates internos que reflejan más fractura que un plan de resistencia coherente.
En ese clima de fragmentación, los gobernadores peronistas siguen jugando un partido propio, con reuniones virtuales y presenciales donde más de uno terminó mirando la agenda del Gobierno desde la distancia. La CGT, que ya preparaba marchas y medidas de fuerza contra la iniciativa, cuestiona la “evasión” política de un PJ que flota sin rumbo ante la ofensiva oficial.
La reforma, que incluye puntos explosivos como la eliminación de la ultraactividad y la modificación de las jerarquías de convenios colectivos, se perfila como la batalla definitiva de un Ejecutivo que quiere redefinir el mercado de trabajo sin mediaciones sociales significativas. Para Milei y sus aliados, la jugada no es menor: es la oportunidad de consolidar un modelo que, según ellos, moderniza el país aunque choque con décadas de conquistas laborales.
Pero en las sombras de ese cálculo político, la percepción social es otra: la modificación de reglas laborales sin consenso puede leerse como un ataque frontal a derechos históricos, una reforma impuesta por la coalición de gobierno sobre un Congreso donde cada voto cuenta y cada duda se paga cara.
En síntesis: mientras LLA apuesta a números y cálculo rígido en un Senado fracturado, el peronismo parece más preocupado por disputas internas que por articular una resistencia sólida a una reforma que podría redefinir para siempre las relaciones laborales en Argentina.







