19/12/2025.- Salta al Instante.- Foto portada: Momentos después de la agresión a Beatriz Blanco, captada en video.
La Justicia le puso punto final al libreto oficial. Nueve meses después de la brutal represión del 12 de marzo, la jueza federal María Servini procesó al inspector de la Policía Federal Nicolás Emanuel Céspedez por el ataque a Beatriz Blanco, la jubilada de 82 años que terminó inconsciente en la vereda tras un empujón policial. Con la resolución, quedó pulverizada la versión de Patricia Bullrich, que había intentado presentar a la víctima como una “jubilada patotera” y a los efectivos como supuestos damnificados.
Las imágenes fueron lapidarias y el fallo, demoledor. “No hace falta ver su documento de identidad para advertir su fragilidad”, escribió Servini al procesar al uniformado por lesiones leves agravadas, dejando en claro que no hubo accidente ni caída casual: hubo violencia estatal.
El 12 de marzo quedó marcado como una jornada de represión salvaje del gobierno de Javier Milei contra la protesta de jubilados. Ese mismo día, el fotógrafo Pablo Grillo sufrió una perforación de cráneo por un disparo y Jonathan Navarro perdió la visión de un ojo. Beatriz Blanco fue otra víctima directa de ese operativo descontrolado.
Según la investigación judicial, entre las 16.15 y las 16.16, Blanco fue empujada por Céspedez —integrante del Cuerpo Guardia de Infantería— y luego rociada con gas pimienta por otro efectivo. La caída le provocó un traumatismo de cráneo que obligó a su traslado de urgencia al hospital Argerich, donde debieron suturarle la cabeza.
Durante meses, el juzgado reconstruyó el ataque con testimonios de policías, manifestantes, periodistas y fotoperiodistas. La coartada oficial se desmoronó pieza por pieza. Incluso un policía involucrado, Pablo Alexis Aldama, terminó señalando a su superior como el responsable directo del empujón. “No fui yo, fue mi oficial a cargo”, dejó asentado por escrito.
Cuando le tocó declarar, Céspedez repitió palabra por palabra el discurso político: habló de una “persona agresora”, dijo no saber la edad de la mujer y se excusó en un “acto reflejo”. Servini no le creyó. Para la jueza, empujar a una mujer de 82 años que se desplazaba con bastón no fue ni instintivo ni accidental: fue una reacción desmedida, deliberada y fuera de toda norma.
El fallo también sepulta cualquier intento de ampararse en el protocolo antipiquetes. Servini recordó que incluso esa normativa —cuya constitucionalidad está bajo cuestionamiento— exige el uso mínimo de la fuerza y un cuidado especial frente a personas mayores. Nada de eso ocurrió.
Las pruebas fotográficas fueron determinantes: Beatriz Blanco no estaba atacando, no representaba una amenaza y tenía los brazos bajos cuando recibió el empellón que la dejó en el suelo.
Mientras tanto, Bullrich quedó expuesta. Su relato de una jubilada violenta que “se cayó sola” quedó oficialmente desmentido por la Justicia. El procesamiento de Céspedez no solo establece responsabilidades penales: también confirma que hubo encubrimiento político y manipulación del discurso público para justificar la represión.
La escena ya no admite discusión. La víctima no fue una agresora. Fue una jubilada golpeada por el Estado. Y el intento de convertirla en culpable acaba de estrellarse contra un fallo judicial.







