12/02/2026.- Salta al Instante.- Por Nico Ortiz.- Foto portada: Mina en Salta. Imagen: Web.
Mientras el litio argentino batió récords de producción y exportación en 2025 —alcanzando niveles que lo catapultan como protagonista global del mineral estratégico para tecnologías verdes—, la provincia de Salta mira hacia adentro y no encuentra ni un peso del supuesto “derrame” prometido. El boom del “oro blanco” terminó siendo un espejismo económico para la mayoría de las y los salteños.
A nivel nacional, la producción de carbonato de litio trepó un impresionante 62,7%, superando rubros tradicionales como el petróleo y colocando a la Argentina como uno de los principales jugadores mundiales en un mercado que se espera crezca aún más en la próxima década. Sin embargo, esa cifra impactante no se tradujo en empleo estable ni en reactivación económica sustentable para las economías regionales de Salta.
El corazón del problema no es la extracción, sino quién se queda con las ganancias.
En el proyecto más grande de la provincia, Rincón Litio, hoy operado bajo el megacapital transnacional Rio Tinto, la mano de obra local sólo fue convocada en etapas de obra pesada: perforaciones, campamentos y construcciones de cañerías. Cuando el mineral comenzó a producir, parte de los insumos y servicios más lucrativos vinieron desde fuera de la provincia, dejando a muchas empresas locales sin contrato y a la fuerza laboral especializada sin inserción concreta.
Peor aún: en un contexto de precios internacionales volátiles, buena parte de la inversión productiva se frenó antes de lo esperado. Los picos productivos, con fases de baja actividad, redujeron la demanda de servicios locales y congelaron decisiones de contratación. Para productores de la región, estas oscilaciones revelan que el “derrame” fue pura apariencia y no efecto estructural.
Las promesas de “que el litio nos salve” chocan con la realidad:
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El proyecto Rincón Litio, del gigante minero anglo-australiano, solicitó y obtuvo recientemente su adhesión al Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) por alrededor de USD 2.7 mil millones, con la intención declarada de ampliar su capacidad de producción.
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Esta iniciativa, alabada por las autoridades nacionales como motor para atraer divisas, no garantiza que los beneficios se queden en el territorio ni que se creen fuentes de trabajo duraderas para la población salteña.
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A la par, otros proyectos gigantes como Pozuelos–Pastos Grandes (Ganfeng Lithium, China) y Diablillos (AbraSilver, Canadá) avanzan en tramitaciones ambientales y preparan sus pedidos de adhesión al RIGI, con inversiones previstas en miles de millones de dólares.
Mientras tanto, los discursos oficiales pregonan que Argentina está en condiciones de quintuplicar su producción de litio hacia 2030 y podría posicionarse por encima de gigantes como Chile, pero en Salta el único “récord” palpable es el de la desigualdad en la redistribución de la renta minera.
Para analistas y sindicatos locales, el desafío sigue siendo que los megaproyectos no deben ser extractivos para unos pocos: exige la formación masiva de mano de obra especializada, el desarrollo de proveedores locales y la construcción de una cadena productiva que no dependa de importaciones de insumos ni de decisiones corporativas externas.
En una provincia donde la minería debería traducirse en empleo, infraestructura y crecimiento real, hoy la cruda verdad es que el litio dejó solo cifras en los balances de exportación y promesas en los discursos políticos.







