16/02/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Accidente en la Ruta 68. Imagen: Web.
La Ruta Nacional 68 se ha convertido en una cinta asfáltica de tragedias recurrentes: accidente tras accidente, muertes y dolor que golpean al Valle de Lerma y al norte salteño, en medio de reclamos por inseguridad vial y falta de políticas concretas.
No hay lugar para la indiferencia en la Ruta Nacional 68: cada kilómetro parece marcado por fatalidades, imprudencia y tragedias repetidas. En lo que va de la temporada, la arteria que conecta Salta con destinos como La Merced, El Carril y Cafayate ha sido escenario de múltiples siniestros viales que siguieron acumulando víctimas fatales y heridas graves, mientras familiares, vecinos y autoridades buscan respuestas a una espiral de muertes que parece no tener freno.
El último episodio, reportado ayer en el Valle de Lerma, profundiza el drama: un conductor ebrio embistió a un ciclista en La Merced, provocando su muerte en el acto, y a los pocos metros se despistó y chocó contra otro vehículo, donde falleció también el ocupante del segundo auto y dejó a la conductora con fracturas expuestas serias, según las primeras pericias policiales. El responsable fue detenido por la Policía de Salta y quedó a disposición de la Justicia, acusado de homicidio y conducción peligrosa bajo los efectos del alcohol.
Un «carrusel de fatalidades» que no detiene su marcha
Los hechos fatales en la ruta no son aislados ni recientes. En enero, un hombre mayor fue atropellado y murió tras ser embestido por un colectivo de la empresa SAETA en inmediaciones de El Algarrobal, también sobre la Ruta 68. La policía confirmó que el accidente ocurrió de noche y que las investigaciones aún buscan esclarecer las condiciones del siniestro, mientras se suman víctimas a una estadística que crece peligrosamente.
Violencia vial también se tradujo en tragedia para quienes se trasladan en dos ruedas: otro ciclista perdió la vida en un siniestro ocurrido sobre la ruta a la altura de Las Pircas, en La Merced, donde el tránsito tuvo que ser desviado por completo mientras las autoridades trabajaban en el lugar.
Y la lista sigue: en septiembre pasado, un gravísimo accidente entre un auto y un colectivo en el paraje La Osma dejó como saldo la muerte de Axel Giménez, un joven de 25 años que viajaba como acompañante, tras un impacto brutal con un autobús de larga distancia y la posterior pérdida de control del vehículo menor.
El mismo mes, en otro tramo de la misma ruta, un ciclista fue embestido por un automóvil a la altura de Pueblo Nuevo en Cafayate, perdiendo la vida en el acto, una muerte que conmocionó a la comunidad local y puso nuevamente bajo la lupa las condiciones de seguridad vial en tramos rurales de la 68.
Peatones, ciclistas y conductores: un cóctel mortal
Pero la tragedia no se limita a quienes circulan en vehículos: el cruce mortal con peatones también ha sido recurrente. En enero pasado, otro hombre fue embestido por un colectivo en El Algarrobal y trasladado en estado crítico al Hospital San Bernardo, reflejando el riesgo que enfrentan quienes caminan o trabajan en los márgenes de esta ruta, donde la falta de iluminación y señalización adecuada agrava aún más la inseguridad.
En conjunto, estos hechos se suman a un patrón de fatalidades que han dejado a decenas de familias enlutadas en apenas meses. Las autoridades locales y la Policía de Salta continúan investigando cada siniestro, pero los reclamos de vecinos y conductores se multiplican ante la ausencia de medidas estructurales que reduzcan la peligrosidad de esta vía interprovincial esencial.
La ruta de la muerte que sigue cortada y bajo alarma
En cada tramo de la Ruta 68, entre curvas peligrosas como la de Sumalao y tramos rectos que incitan a la velocidad, la tragedia parece al acecho. Hasta ahora no hay cifras oficiales consolidadas este año, pero el cruce de múltiples reportes periodísticos y policiales muestran que los siniestros con víctimas fatales y graves son una constante, con números que se elevan día tras día, en pleno calendario de alta circulación vehicular por el turismo y el tránsito cotidiano.
Los vecinos siguen pidiendo mayor señalización, controles de velocidad, iluminación y presencia policial, mientras las ambulancias y equipos de emergencia trabajan a contrarreloj para atender accidentes que rara vez son simples “chorros de infortunio”: son el resultado de una combinación explosiva de imprudencia, alcohol al volante, infraestructura deficiente y falta de políticas públicas integrales para prevenir muertes evitables en las rutas salteñas.
Una cinta gris de asfalto, kilométrico testigo de tragedias que no terminan; vidas que se apagan y un reclamo urgente de seguridad vial que ya no puede esperar.







