30/05/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Ilustrativa. Web.
La crisis del transporte salteño dejó de ser una advertencia para convertirse en una realidad que golpeará de lleno a miles de usuarios desde el próximo lunes. SAETA confirmó que eliminará el servicio nocturno de colectivos en toda el área metropolitana, una decisión que expone la magnitud del derrumbe financiero que atraviesa el sistema y que ni siquiera alcanza para tapar el agujero económico que arrastran las empresas.
La noticia cayó como una bomba. A partir del 1 de junio, entre la medianoche y las 5.30 de la mañana, simplemente no habrá colectivos urbanos ni interurbanos. Mientras miles de trabajadores, estudiantes y vecinos se preguntan cómo harán para regresar a sus casas, desde la empresa reconocen que la medida es apenas un parche frente a una deuda que ya supera los 7 mil millones de pesos.
Lo más llamativo es que durante meses las autoridades y los empresarios intentaron negar lo que los usuarios denunciaban todos los días. Las frecuencias se reducían, las esperas eran más largas y los recorridos parecían cada vez más escasos. Sin embargo, desde SAETA, las empresas y los organismos de control insistían en que el servicio funcionaba con normalidad. Ahora la propia documentación presentada por los transportistas confirma que los recortes existían desde octubre de 2025 y que se profundizaron durante este año.
La situación financiera es tan delicada que las empresas aseguran que ya no pueden afrontar gastos básicos. Hablan de dificultades para comprar combustible, pagar proveedores, cumplir con bancos y sostener la operación diaria. En otras palabras, el sistema está funcionando al límite y amenaza con quedarse sin aire.
El propio gerente general de SAETA, Claudio Juri, terminó admitiendo la gravedad del panorama con una frase demoledora: «No tengo plata para nada». Una confesión que retrata mejor que cualquier informe el estado actual de una empresa que administra uno de los servicios públicos más sensibles de la provincia.
El problema se agravó después del aumento del boleto. Lejos de generar la recaudación esperada, los ingresos quedaron muy por debajo de las proyecciones. La apuesta era recaudar cerca de 400 millones de pesos diarios, pero apenas se alcanzaron unos 350 millones. El resultado fue un nuevo golpe para unas cuentas que ya estaban en rojo.
Como si el escenario no fuera suficientemente complicado, ahora aparece una nueva amenaza. La Unión Tranviarios Automotor se declaró en estado de alerta por el incumplimiento de acuerdos salariales y advirtió que podría avanzar con medidas de fuerza. Es decir, mientras desaparecen los colectivos nocturnos, también crece el fantasma de un paro que podría paralizar aún más el servicio.
Detrás del colapso también aparecen las disputas políticas. Mientras desde distintos sectores responsabilizan al Gobierno nacional por la quita de fondos y subsidios, crecen las preguntas sobre la administración provincial. En los últimos días llamó la atención que la Provincia anunciara recursos para colaborar con obras en rutas nacionales mientras el sistema de transporte local admite que no tiene dinero para sostener sus servicios esenciales.
La imagen es contundente: un boleto cada vez más caro, menos colectivos en las calles, empresas endeudadas, trabajadores en alerta y usuarios convertidos en los principales perjudicados. El transporte salteño atraviesa una de las peores crisis de su historia reciente y, por ahora, nadie parece tener una solución capaz de evitar que el sistema siga desmoronándose.







