23/02/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Proyecto de litio Centenario-Ratones operado por Eramine Sudamérica S.A. en la provincia de Salta.
Mientras el litio se presenta como el “oro del futuro” y motor de exportaciones para Argentina, cientos de familias en Salta enfrentan la brutal contracara: despidos sin causa, precarización salarial y sustitución por mano de obra más barata en una de las minas que promete riqueza infinita. En la planta Salar Centenario Ratones, propiedad de Eramine, empresa minera de origen francés que produce carbonato de litio de grado batería, se concretaron desvinculaciones que los propios trabajadores califican de arbitrarias e ilegales en medio de un contexto económico recesivo marcado por las políticas del gobierno de Javier Milei.
Los despedidos no lo ocultan: la empresa contrató a una firma tercerizada con trabajadores que aceptan salarios más bajos, un movimiento que para ellos supone una clara maniobra para rebajar costos a costa del empleo formal. “Eramine contrató a una tercera empresa con salarios más bajos y nos reemplazaron”, denunció Sergio Rodríguez, uno de los trabajadores despedidos, en diálogo con Página/12. Rodríguez y sus ex compañeros sostienen que la maniobra empresarial ocurrió sin justificación legal y sin causa, dejando a decenas de familias en la incertidumbre económica.
La industria del litio suele presentarse como palanca de inversión extranjera y creadora de puestos de trabajo; de hecho, Argentina registra un récord de exportaciones mineras en 2025, con el litio como uno de los principales productos exportados, superando los USD 783 millones entre enero y noviembre del año pasado.
Pero en el terreno de la producción, la planificación parece contradecir ese relato. Los despedidos relatan que se encontraban en la categoría salarial “D”, el nivel más bajo del sector, con remuneraciones en torno a 1,2 millones de pesos mensuales, lo que ya de por sí implica una situación de precariedad incluso antes de los despidos. Y no es un dato menor: señalan que no hubo intervención eficaz del gremio Asociación Obrera Minera Argentina (AOMA) para defender sus derechos o exigir una reclasificación salarial más favorable.
La respuesta del gremio, a través de su secretario general Eduardo Gerónimo, gira en torno a otra explicación: aseguró que la caída de la planta en contrataciones obedece a una transición natural entre la fase de construcción —que requiere cientos o miles de trabajadores— hacia la etapa de producción permanente, donde se necesitan muchos menos operarios. Según Gerónimo, en muchos proyectos mineros “cuando entran en producción, queda un porcentaje mínimo de ese personal” y agregó que el sindicato “no puede intervenir mientras se paguen las indemnizaciones correspondientes”.
Esa explicación escuece a quienes perdieron el trabajo y, sobre todo, a quienes ven una lógica más profunda: la minería, pese a sus éxitos exportadores, opera bajo un régimen laboral que permite reemplazar mano de obra más costosa por empleo tercerizado, en un contexto donde la reforma laboral impulsada por el gobierno apunta justamente a facilitar estas prácticas, con indemnizaciones menores, sueldos “dinámicos” y menos garantías para los trabajadores.
La puerta giratoria salarial instalada en Eramine no es un hecho aislado. En otras ramas del sector productivo se multiplican historias similares: despidos masivos en Fate con 920 despedidos en la planta de neumáticos en San Fernando y reclamos que apuntan a las políticas económicas y la falta de defensa del empleo ante la apertura de importaciones y la supresión de retenciones, medidas centrales del gobierno de Milei que, para muchos, lejos de incentivar la economía formal, engrosan la precariedad laboral.
La ironía es brutal: una industria que promete inversiones millonarias —en Salta se proyecta que proyectos de litio podrían acaparar miles de millones de dólares en los próximos años bajo el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones— ve cómo su fortaleza macroeconómica se traduce en debilidad para los trabajadores que construyeron sus plantas.
En Salar Centenario Ratones, donde el litio debería ser sinónimo de futuro, la realidad es otra: despidos sin causa, salarios de miseria, tercerizaciones y un gremio que despega responsabilidades mientras se diluye la defensa del empleo. Para quienes hace años trabajaban en la mina, esa promesa de prosperidad se convirtió en una pesadilla cotidiana.







