27/05/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: La imagen presidencial como la del gobierno libertario en caída libre. Imagen: Daniel Vides/NA.
El relato libertario empieza a chocar contra la realidad. Mientras Javier Milei insiste con discursos triunfalistas y celebra supuestos éxitos económicos, los números muestran otra película: la confianza social en el Gobierno volvió a caer en mayo y acumula cinco meses consecutivos de desplome.
El dato surge del Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella, uno de los termómetros políticos más observados del país. El indicador bajó a 1,99 puntos en mayo, contra 2,02 en abril y 2,30 en marzo. La caída ya no parece un tropiezo pasajero: se convirtió en una tendencia persistente.
Y lo más delicado para la Casa Rosada es que el desgaste ya no golpea solo a los opositores históricos. Empieza a perforar sectores sociales que habían sostenido el experimento libertario durante los primeros meses.
En comparación con mayo de 2025, la confianza se desplomó un 18,7%. Y desde el cierre de 2025, la caída acumulada ya alcanza el 19,2%.
Es un derrumbe político silencioso pero constante.
El promedio general de la gestión Milei quedó ahora en 2,41 puntos, el nivel más bajo desde que asumió en diciembre de 2023. La comparación histórica también empieza a incomodar al oficialismo: el promedio ya quedó por debajo del registrado por Mauricio Macri y apenas por encima del de Alberto Fernández, un gobierno que terminó con niveles críticos de desgaste social y político.
El problema para Milei no es solo la caída general. Es dónde ocurre.
El informe revela que el desplome más fuerte se produjo entre las mujeres, los sectores con menor nivel educativo y la población de entre 30 y 49 años: una franja clave porque concentra trabajadores, padres de familia y buena parte de la clase media golpeada por la recesión.
Entre las mujeres, el golpe fue especialmente duro: el índice cayó un 13% en apenas un mes. La brecha de confianza entre hombres y mujeres volvió a dispararse y ya alcanza niveles alarmantes para el oficialismo.
También se derrumbó la percepción entre quienes tienen educación primaria, con una caída brutal del 25%.
El mensaje social parece claro: el ajuste empieza a sentirse cada vez más abajo y cada vez más fuerte.
Pero hay otro dato todavía más explosivo para el Gobierno: el sector que peor evalúa a Milei es el de quienes creen que la economía va a empeorar. Allí, el índice de confianza se hundió a apenas 0,37 puntos, una cifra directamente devastadora.
La economía, justamente, aparece como el gran agujero negro del oficialismo.
El informe muestra que tres de los cinco componentes centrales del índice volvieron a deteriorarse. La “Capacidad” del Gobierno cayó 5,6% y marcó el peor registro desde la llegada de Milei al poder. También retrocedieron los indicadores de “Honestidad” y “Preocupación por el interés general”.
Es decir: cada vez más gente duda no solo del rumbo económico, sino también de las prioridades reales y de la integridad política del Gobierno.
Mientras tanto, el aparato libertario intenta sostenerse con su núcleo duro más fiel: hombres jóvenes y sectores ideológicamente radicalizados que todavía creen que el ajuste extremo desembocará en una mejora futura.
Pero incluso allí aparecen señales de agotamiento.
La encuesta refleja además una fractura geográfica: el respaldo más fuerte sigue concentrado en el interior del país, mientras el Gran Buenos Aires vuelve a mostrar los peores niveles de confianza hacia el Gobierno nacional.
En la Casa Rosada todavía intentan vender estabilidad macroeconómica y baja de inflación como éxitos históricos. El problema es que del otro lado crecen el desempleo, el cierre de comercios, la caída del consumo y el deterioro del poder adquisitivo.
Y la paciencia social empieza a agotarse.
Cinco meses consecutivos de caída ya no son un accidente estadístico. Son una advertencia política.







