06/01/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Plataforma de extracción de petróleo. Imagen: Web.
Guerra por los recursos: cuando hablan las bombas, festeja el petróleo
No fue por la democracia. No fue por los derechos humanos. Y mucho menos por el pueblo venezolano. La reacción inmediata de los mercados dejó al desnudo lo que Washington jamás admite en público: el ataque de Estados Unidos a Venezuela fue, una vez más, una guerra por el petróleo.
Mientras Caracas ardía bajo las bombas y Nicolás Maduro era capturado en una operación militar sin aval internacional, Wall Street celebraba. Las pantallas verdes dijeron más que cualquier discurso de la Casa Blanca. Las acciones de las grandes petroleras estadounidenses se dispararon, confirmando que el verdadero objetivo no estaba en el Palacio de Miraflores, sino bajo el suelo venezolano.
Chevron, ExxonMobil y ConocoPhillips encabezaron las subas, acompañadas por todo el entramado financiero y logístico del negocio energético. El mensaje del capital fue inequívoco: la intervención fue una buena noticia. Para ellos.
El negocio detrás del misil
Venezuela posee una de las mayores reservas de crudo del planeta, en especial petróleo pesado, estratégico para determinadas refinerías. Durante años, ese recurso fue un punto de apoyo clave para China, que consolidó acuerdos de suministro e inversiones a largo plazo con Caracas.
Eso también quedó reflejado en los mercados. Mientras en Nueva York descorchaban champán, en Asia se encendían las alarmas. Las acciones de PetroChina y CNOOC se desplomaron en Hong Kong ante el temor —más que fundado— de que Estados Unidos bloquee o condicione el acceso chino al crudo venezolano.
No es ideología: es geopolítica pura. El control del petróleo como arma económica y diplomática. Golpear a Venezuela es, al mismo tiempo, asfixiar a un rival estratégico.
Violencia que cotiza en bolsa
La escena es obscena, pero conocida. Cada bomba que cae sobre Caracas tiene su correlato en una pantalla bursátil. La “liberación” que pregonan los discursos oficiales se traduce en ganancias extraordinarias para corporaciones energéticas y pérdidas millonarias para competidores globales.
La intervención no reordena solo el mapa político: reconfigura el tablero energético mundial. Estados Unidos no cambia un gobierno: cambia las reglas del juego, asegura contratos, desplaza actores incómodos y refuerza su hegemonía sobre un recurso clave en plena transición energética global.
Imperialismo sin maquillaje
La operación militar en Venezuela no fue un error ni un exceso. Fue un movimiento calculado. Un golpe quirúrgico para apropiarse del control indirecto de un recurso estratégico y debilitar la influencia china en América Latina.
Los discursos hablan de libertad. Los mercados hablan de petróleo. Y, como casi siempre, son los mercados los que dicen la verdad.
En Caracas quedaron los escombros. En Wall Street, las ganancias. El petróleo volvió a ganar la guerra.







