TIEMBLA LA ROSADA: Cristina volvió y bailó al ritmo de la murga

14/02/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Carnaval en el balcón y pánico en el búnker de la motosierra. Imagen: Captura de video.
Mientras el Gobierno de Javier Milei se hunde en el fango de las denuncias por estafas cripto y el dibujo de los números del INDEC, Cristina Fernández de Kirchner eligió el sábado de Carnaval para reaparecer y marcar la cancha con un gesto que es, a la vez, una fiesta popular y un mensaje político demoledor. Desde el balcón de su departamento en Recoleta, la exmandataria se sumó al ritmo de una murga que pasaba por la calle Uruguay, bailando y saludando a una militancia que, ante la falta de pan, se aferra a la alegría como trinchera.

El contraste no podría ser más violento para el oficialismo. Mientras «Toto» Caputo se esconde tras las planillas truchas para ocultar el hambre, Cristina se asomó para recordar que, para el peronismo, la calle sigue siendo un territorio propio, incluso bajo la lluvia y el asedio mediático. La imagen, capturada por cientos de celulares y viralizada en cuestión de minutos, muestra a una CFK relajada, moviendo las manos al compás del bombo y el platillo, mientras abajo, el «atentado de la alegría» desafiaba el protocolo represivo que Patricia Bullrich intenta imponer sin éxito en cada esquina porteña.

El baile que el «León» no puede domar

La reaparición no es un hecho aislado ni puramente festivo. Ocurre apenas horas después de que los fiscales de la causa Vialidad —esos cruzados del «lawfare» que nunca descansan— pidieran el decomiso de sus bienes, incluyendo el histórico inmueble de San José 1111. El mensaje de Cristina es transparente: mientras el Poder Judicial, ese brazo ejecutor de la derecha, intenta despojarla de todo, ella se muestra intocable, conectada con el pulso de los barrios.

«No podrán con la alegría», parecía decir cada gesto desde el balcón. En las redes sociales, los «trolls» de la Casa Rosada, financiados con la pauta que no hay para comedores, estallaron en un ataque de nervios. Intentaron ridiculizar el baile, pero solo lograron confirmar que el fantasma de la «Jefa» sigue siendo la pesadilla que no deja dormir a los ideólogos del ajuste.

La calle, esa obsesión oficialista

La murga que despertó el baile de Cristina no fue un evento programado por la logística de un partido, sino el broche de oro de una jornada donde el Carnaval porteño se convirtió en un acto de resistencia frente a la crueldad libertaria. Mientras el Presidente se desentiende de la gestión para viajar por el mundo promocionando sus delirios teóricos, la política real se dirime en los balcones y en las veredas.

En un contexto donde la inflación de Caputo come los ingresos y la timba devora los ahorros, la figura de Cristina Fernández de Kirchner volvió a centralizar la atención. No necesitó una cadena nacional ni un tuit agresivo: le alcanzó con un baile, un bombo murguero y la certeza de que, por más que la persigan con jueces amigos y decretos de necesidad y urgencia, el vínculo con su gente sigue siendo el único capital que el mercado no puede comprar ni devaluar.