TRABAJADORES SE SALTEAN COMIDAS: «NO ALCANZA»

23/03/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Javier Milei, y sus políticas de ajuste solo han perjudicado al pueblo y sobre todo al pueblo trabajador. Imagen: Presidencia.
La escena se repite en oficinas, fábricas y comercios de todo el país: llega el mediodía y muchos trabajadores miran el reloj, toman un mate o un café y siguen trabajando. No es dieta ni ayuno intermitente. Es el resultado de una ecuación brutal: el sueldo ya no alcanza para comer.

Un informe reciente expuso el dato incómodo que incluso La Nación terminó reconociendo: seis de cada diez trabajadores argentinos se saltean al menos una comida durante la jornada laboral por problemas económicos. Detrás de esa cifra hay una realidad que se cuela en la vida cotidiana y desnuda el deterioro del poder adquisitivo.

El estudio, elaborado por el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), relevó a 1.171 trabajadores y encontró una tendencia que ya dejó de ser excepcional. El 46,7% reconoce que se saltea comidas ocasionalmente, mientras que el 14,4% lo hace de manera regular. En otras palabras: más del 60% de los asalariados atraviesa algún tipo de privación alimentaria durante el día de trabajo.

El problema pega todavía más fuerte entre los jóvenes. Entre quienes tienen entre 18 y 29 años, siete de cada diez admiten que dejan pasar una comida porque el dinero simplemente no alcanza. Una radiografía brutal de una generación que entra al mercado laboral con salarios que ya llegan recortados por la inflación y el costo de vida.

La situación no sólo afecta la cantidad de comida, sino también su calidad. Ante el derrumbe del poder adquisitivo, el 78,5% de los trabajadores reconoce que compra alimentos menos nutritivos para abaratar costos. Es la estrategia de supervivencia más extendida: reemplazar carne por harinas, verduras por productos más baratos y comidas completas por lo que se pueda pagar.

El resultado es una postal que hace ruido incluso en un país acostumbrado a las crisis económicas. Trabajadores con empleo formal que deben ajustar algo tan básico como la comida diaria. Personas que cumplen jornadas completas pero que, aun así, terminan el día recortando gastos esenciales.

En esa Argentina que muestran los números, el ajuste ya no se mide en planillas ni en discursos económicos. Se mide en mesas cada vez más vacías, en viandas que no llegan y en almuerzos que directamente desaparecen del día laboral.

Porque detrás del dato frío de las estadísticas hay una realidad imposible de maquillar: cuando seis de cada diez trabajadores dejan de comer por falta de dinero, la crisis dejó de ser una discusión económica para convertirse en una emergencia social.