16/01/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Groenlandia IMAGEN: Alessandro Rampazzo/AFP.
700.000 millones de dólares por la isla que no está a la venta: la jugada geopolítica más descabellada del expresidente desata risas, furia y diplomacia tensa
Donald Trump volvió a encender la hoguera geopolítica: ha puesto un precio —sí, un número con 11 ceros— a Groenlandia, la enorme isla ártica semiautónoma de Dinamarca, y el valor que circula en pasillos de la Casa Blanca es prácticamente de fantasía: 700.000 millones de dólares. Una cifra estratosférica que supera la mitad del presupuesto anual del Pentágono y que ha provocado desde burlas en redes hasta un rechazo frontal de los propios groenlandeses y europeos.
Ese monto —calculado por expertos alineados con la Casa Blanca aunque sin criterios públicos sólidos— no responde a un precio de mercado real sino a una mezcla de cálculo político, ambición estratégica y pura audacia trumpista. El objetivo declarado: asegurar la supremacía estadounidense en el Ártico frente a Rusia y China, según funcionarios y analistas que han filtrado partes del plan.
Pero la propuesta no tiene una isla dispuesta a ser vendida. Groenlandia y Dinamarca han sido contundentes: “Groenlandia no está en venta”, repiten líderes locales una y otra vez, mientras ven el anuncio como un acto de arrogancia imperial.
La cifra estratosférica no solo descoloca por su magnitud, sino por su lógica: en Washington hay funcionarios encargados de preparar una oferta formal que, de concretarse, sería el mayor desembolso por territorio en la historia moderna, aunque la propia población groenlandesa—unos 56.000 habitantes—rechaza de plano la idea y muchos estadounidenses también se oponen al plan.
Mientras los trolls de internet se mofaban (“Con eso no compran ni la isla de Perejil”), Trump insiste en que tener Groenlandia es una “necesidad de seguridad nacional”, pintando un escenario de lucha contra potencias mundiales por el control del Ártico.
Lo único claro es que esta movida tiene más de espectáculo político que de negocio real. Una cifra loco-de-remate, una isla que no quiere ser vendida, aliados europeos irritados y un exmandatario que parece jugar a grandeza global con una calculadora descompuesta. Bienvenido al Trumpverso: donde hasta un continente helado tiene precio, aunque nadie esté interesado en venderlo.







