«UNA NACIÓN INTOXICADA»: El odio que casi ejecuta a Cristina

12/12/2025.- Salta al Instante.- Por Nico Ortiz.- Foto portada: Un país al borde del abismo y jugando con fuego, el fallo que desnuda cómo el odio casi mata a Cristina Kirchner. «Intolerancia» El atentado fue una muestra de cómo «el desagrado por las ideas del otro puede llevar a la muerte de ese otro», dijeron los jueces del juicio oral. Imagen: Luis Robayo/AFP.
En un documento que sacudió a tribunales y a la política, los jueces del Tribunal Oral Federal 6 pusieron blanco sobre negro: el atentado contra Cristina Fernández de Kirchner no fue un episodio aislado, sino el resultado de un clima tóxico donde los discursos de odio se desataron sin freno.
El odio en el discurso público fue una causal necesaria para que el intento de magnicidio tuviera lugar”, escribieron sin vueltas.

Las 544 páginas de fundamentos —que exponen con crudeza lo que muchos prefirieron callar— no sólo reconstruyen el rol de Fernando Sabag Montiel y Brenda Uliarte. Van más allá: acusaron directamente al ambiente político y mediático de haber creado “al enemigo” y de haber legitimado, día tras día, la idea de que Cristina era una figura eliminable.

La jueza Sabrina Namer fue implacable:
“Este aberrante hecho histórico debe ser un llamado de atención. La construcción pública del odio habilita el paso al acto violento.”

Un disparo que no salió… pero pudo cambiarlo todo

Los fundamentos recuerdan un dato escalofriante:
Sabag Montiel gatilló a centímetros de la cabeza de la vicepresidenta. El tiro no salió “por destino, Dios, mala suerte o lo que sea”.
Pero el arma estaba cargada y lista para matar.

A pesar de los videos, de la confesión del propio acusado y de la transmisión completa del juicio, los jueces no ocultaron su estupor:
todavía hay quienes creen que el atentado no existió o que fue un autoatentado.

La sombra de los discursos violentos

El juez Grünberg no se guardó nada. Señaló la influencia “indudable” de los discursos de odio provenientes de medios masivos, redes sociales y hasta dirigentes políticos.
Advirtió que cuando ese veneno se legitima desde arriba, la democracia tiembla.

El fallo menciona a la organización ultraderechista Revolución Federal, sus consignas violentas (“presos, muertos o exiliados”), sus llamados a “exterminar” al kirchnerismo y hasta ofrecimientos de armas en chats.
Esa cultura de la cancelación llevada al extremo, dijeron los jueces, creó el terreno fértil para que alguien sintiera que matar a CFK era una opción válida.

La grieta que puede matar

El tribunal va más profundo: cualquiera puede convertirse en “enemigo” si el discurso lo señala.
Lo que empieza como intolerancia política, dicen, puede mutar en intolerancia racial, religiosa o sexual.
Y advierten: la muerte del otro puede volverse un desenlace socialmente habilitado.

La democracia en jaque

Para Namer, cuando un sector deja de confiar en las instituciones y se alimenta de discursos violentos, la alternativa es la violencia por mano propia.
El atentado fue —según el fallo— una muestra brutal del límite al que puede llegar el país.

Irregularidades escandalosas: el celular fantasma

La sentencia también apunta contra la instrucción del caso a cargo de la jueza Capuchetti.
La califican de “desprolija” y detallan una serie de errores que parecen sacados de una parodia judicial:

  • Se cortó la luz durante el primer peritaje.

  • El teléfono estuvo sin bloquear señales.

  • Se envió sin cadena de custodia, en un sobre abierto.

  • Y terminó reseteado de fábrica.

Resultado: no se pudieron recuperar mensajes clave, fotos ni documentos.
Ese desastre probatorio fue enviado al Consejo de la Magistratura.

Qué se probó, qué no y qué queda abierto

El tribunal confirmó que Sabag Montiel y Uliarte tenían plena capacidad para comprender lo que hacían.
Absolvió a Carrizo por falta de pruebas.

Y desestimó que se tratara de un intento de femicidio, aclarando que la motivación real fue el odio político amplificado por redes, medios y sectores poderosos.

Un país que aún debe mirarse al espejo

El fallo no sólo cierra un capítulo judicial: abre un debate incómodo sobre la responsabilidad pública, la libertad de expresión, la manipulación social y los límites del discurso político en una democracia.

Porque, como sentenció la jueza Namer:
“No podemos hacer de cuenta que no pasó nada.”