26/01/2026.- Salta al Instante.- Por Nico Ortiz.- Foto portada: Milei avanza con la entrega de la Patria, después de tomar el puerto de Ushuaia, aterriza avión del Pentágono, con una clara entrega de soberanía. Imagen: Web.
La soberanía también puede perderse en silencio. Un avión del Departamento de Defensa de Estados Unidos aterrizó en Ushuaia sin aviso previo ni autorización conocida, en simultáneo con la llegada de una comitiva oficial norteamericana y en pleno proceso de intervención del Puerto de Ushuaia dispuesto por el gobierno de Javier Milei. Demasiadas coincidencias para una Patagonia que vuelve a ser escenario de la geopolítica dura, esa que no suele pedir permiso.
La aeronave militar estadounidense tocó pista en la ciudad más austral del país sin que mediara información pública, comunicación oficial ni explicación clara por parte del Gobierno nacional. La provincia de Tierra del Fuego, una vez más, se enteró por los hechos consumados. El gobernador Gustavo Melella no fue consultado y el hermetismo fue total. Nadie explicó quién autorizó el aterrizaje, bajo qué marco legal ni con qué objetivos concretos.
El episodio no fue aislado. Casi en paralelo, una delegación de Estados Unidos recorrió la denominada Base Naval Integrada y mantuvo reuniones con funcionarios nacionales. La visita fue presentada como técnica y de cooperación, pero el contexto la vuelve política: ocurre justo cuando el Ejecutivo nacional decidió intervenir el puerto fueguino, un enclave estratégico por su rol en la logística antártica, el Atlántico Sur y las rutas bioceánicas.
La pregunta cae por su propio peso: ¿qué hace el Pentágono aterrizando sin aviso en Ushuaia mientras el gobierno argentino reordena, interviene y redefine uno de los puntos más sensibles del mapa nacional?
Desde la Casa Rosada no hubo explicaciones. Tampoco desmentidas. El silencio oficial funciona como confirmación tácita de una política exterior que ya no se discute ni se comunica: se ejecuta. En nombre del alineamiento automático con Washington, la Argentina parece haber entrado en una etapa donde las decisiones estratégicas se toman sin debate público, sin control institucional y sin respeto por el federalismo.
La base “integrada”, el puerto intervenido y el avión militar que aterriza sin aviso componen una misma escena. No es cooperación, es avance. No es casualidad, es método. Ushuaia vuelve a ser una ficha en un tablero que se juega lejos del sur y demasiado cerca del poder real.
La soberanía no se pierde de golpe. A veces llega en un avión que nadie autorizó y que nadie se anima a explicar.








