VIAJE A LA ARGENTINA SOÑADA Y SIEMPRE POSIBLE

22/12/2025.- Salta al Instante.- Opinión: Por Mempo Giardinelli.- Foto portada: La imagen muestra la Plaza Islas Malvinas en Ushuaia, Argentina, que alberga el Monumento Nacional Héroes de Malvinas. Imagen: Web.
La semana pasada y en la sección de Contribuciones de lectores de este diario, y bajo seudónimo, un astuto lector escribió comentarios sobre posibles grandes pasos que habría que dar en esta república. Algún día, claro está, cuando volvamos a ser Patria y flamee eterno y limpio y para siempre el Sol de nuestra bandera.

Pero un cachito de esperanza siempre es bueno y necesario, y de ahí el agradecimiento a dicho lector. Porque además los diciembres argentinos fueron siempre esperanzadores, sí que también temibles. Y en las últimas 30 semanas –por dar un número– la situación política y social de la Argentina se ha deteriorado muchísimo, tanto que si el actual gobierno terminara su mandato por pura inercia del fastidio y bronca que viene gestando en millones de compatriotas, cualquiera lo entendería pero quizás no lo celebraría nadie.

Lo que es políticamente peligroso porque una aparente mayoría de integrantes de esos gobiernos demuestra que son, muchos y muchas, espontáneamente burros, corrompibles y corruptores, y además, parecería que de tan torpes, ignorantes y cipayos hasta la memoria se les desdibujó con la corrupción activa con que arruinan a esta Nación herida pero que resiste y resistirá, como siempre.

Muchos de ellos ni deben saber que el 16 de diciembre de 1965, en la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), con 94 votos a favor, ninguno en contra y 14 abstenciones, la República Argentina obtuvo un éxito resonante al dictarse la Resolución 2065, que por primera vez reconoció la existencia de una disputa de soberanía con el Reino Unido en torno a las Islas Malvinas.

Aquel memorable dictamen reconoció también que el “Caso Malvinas” se encuadraba en una situación colonial que debía ser resuelta por las partes teniendo en consideración lo expresado en la Resolución 1514 del 14 de diciembre de 1960, que estableció el objetivo de eliminar toda forma de colonialismo.

Fue sin ninguna duda el mayor mérito del gobierno radical del Dr. Arturo Umberto Illia, un hijo de la mejor tradición italiana de honradez y patriotismo, quien en todo momento sostuvo la voluntad nacional y popular de recuperar las Islas Malvinas. Primero instalando en el marco de las Naciones Unidas la posibilidad de una negociación bilateral con Inglaterra acerca de la soberanía de esas Islas, y en segundo plano con la brillante acción diplomática encabezada y expuesta por el entonces Embajador argentino, Dr.José María Ruda, quien logró que el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas que lo había aprobado por unanimidad días antes, el 18 de septiembre de ese 1964 rechazara el alegato del representante del Reino Unido.

Aunque hoy hay tanto desconocimiento, ése fue el primer reconocimiento internacional al reclamo argentino de recuperación de la Soberanía en las Islas Malvinas.

A partir de ese momento Inglaterra quedó obligada no sólo a negociar con la Argentina sino también a hacerlo en los términos que planteaba nuestra Cancillería. Y tanto fue así que en menos de dos años, en enero de 1966, los Cancilleres de Inglaterra y la Argentina se reunieron en Buenos Aires aceptando mantener las negociaciones recomendadas por la Resolución 2065 del año anterior.

Pero Illia fue derrocado de la manera más perversa y estúpida, porque su gobierno estaba limpio y era un ejemplo de progresismo sin mostrarse ni ser “gorila”, como cacareaban muchos peronistas y dirigentes sindicales que ya entonces se confundían, y algunos sin querer-queriendo.

Eso envició la política nacional al punto que todos los gobiernos posteriores no sólo no continuaron la política soberanista de Illia y aquel radicalismo, sino que tergiversaron todo por necios o corruptos y dejaron que las tratativas para recuperar las Islas se diluyeran estúpidamente. Y eso, si no los convenció Inglaterra, cosa que nunca se sabrá.

También por todo lo anterior es imperioso recuperar memoria acerca de la grave usurpación británica y hacerlo con verdad y precisión. Toda supuesta deuda deberá ser alguna vez analizada y se deberá pagarla solamente si se comprueba legítima y en segundo término. Porque el pueblo argentino trabajador, la intelectualidad nacional patriótica e incorruptible, y el federalismo adecentado y no servil a poderes coyunturales de turno, deberá actuar y en primer plano apoyándose en la solidaridad de los países hermanos que nos acompañan y cuyos gobernantes son y han sido siempre solidarios con la República Argentina.

Sólo así el río Paraná, y el Plata y nuestro mar continental serán alguna vez inviolables e innegociables y estarán operativos al exclusivo servicio y beneficio del comercio exterior argentino. Y sobre todo productivos, porque tendremos entonces el Canal Magdalena –por lo menos, ya que pueden ser más de uno los canales-puertos offshore que habrá que habilitar– y nadie pero nadie, ningún país ni menos otro presidente traidor y cipayo podrá detener nuestro desarrollo.

Como se aprecia, es un tesoro vital la conciencia de que la Argentina tiene todo, pero todo-todo para ser la gran Nación que soñaron San Martín y Belgrano, Yrigoyen y Perón, Evita y millones de compatriotas trabajadores que forjaron en el último medio siglo un país envidiado en todo el planeta y un pueblo en lucha permanente.

Hoy ya son muchos, muchísimos los impulsores de la ciudadanía soberanista, que de sólo nombrarla ya es superior a las pandillas patoteras, corruptas y mentirosas de ofensores a los vocablos Patria, Verdad, Trabajo, Soberanía.

Y hay que decirlo: este país no resolverá su presente ni futuro alguno si no se consolidan las ideas basales que muchos patriotas están consolidando: no se entregará ni un milímetro de territorio; no se cederá ni una gota de nuestros ríos y sus sistemas fluviales naturales.

No hay cesión ni transferencia posible en estos puntos, como tampoco deberá pagarse nada sin diferenciar primero la deuda legítima de la ilegal, que es casi toda por obra y desgracia de gobiernos corruptos, muchos en manos de peronistas que hoy nadie recuerda más que para putearlos y de antiperonistas necios cuyas dirigencias empresariales hicieron más negocios que gobernar, y así hubo más corrupción que servicios patrióticos.

Y es claro que esta parrafada no agradará a algunos lectores, pero no hay otra vía para entender cómo después de una larga dictadura asesina, la costosa y ardua recuperación lo que produce son bandas de dizque “libertarios” que se llenan de dólares bancados por un sistema de medios cuestionable.

Alguna vez las Islas Malvinas volverán a ser argentinas, igual que todo el sistema marino y su fabulosa riqueza. Y se pagará sólo ésta y en los plazos y términos que la República decida, por supervivencia y por su pueblo.

Alguna vez, además, las decisiones se tomarán mediante plebiscitos populares: una persona = un voto; la mayoría triunfante gobierna y cuida; la oposición vigila y controla. Y así los grandes y los pequeños temas de soberanía y las decisiones estratégicas se resuelven siempre por voto popular.

Alguna vez no se admitirán más mediaciones impuestas, ni operarán bancos buitres. El principio rector –alguna vez– deberá ser que la Rep.Arg. no pagará ninguna deuda que no sea primero evaluada y aceptada como verdadera y aceptable. Y esa aceptación se medirá por votación en el Congreso de la Nación y mediante los 2 tercios del voto popular en cada caso. Y esto es fundamental porque las mayorías simples ya han hecho daños de sobra.

Finalmente, todo lo que se acepte como deuda legítima alguna vez será secundarizado después del pago de todas las deudas internas. Y asimismo se recuperarán y nacionalizarán como prioridades y uno por uno todos los bienes naturales, servicios, transportes, mares, ríos, minas, montañas, puertos, costas, producciones nacionales y un largo etcétera que deberá establecer el Congreso de la Nación.

Como se aprecia, el primer paso hacia esa Argentina soñada –rica, potente, democrática, pacífica y con visión universalista– será la recomposición total, completa, de una Corte Suprema de Justicia integrada con por lo menos 20 miembros, elegidos uno por uno por votación popular nacional, federalista y para mandatos máximos de no más de 10 años cada juez.

Y es claro que nada de esto se podrá concretar sin antes asegurar la recuperación plena de los sistemas de salud y de educación completos. Y el Estado Nacional, además, recuperará y fortalecerá la política científica y nuclear que al cierre de esta nota está siendo criminalmente vaciada. Para que vuelva a ser orgullo nacional en ciencia y soberanía y como aporte argentinoa un mundo mejor, más equilibrado y más justo. Y no se dude que estas ideas son apenas un potencial inicio de camino hacia la Gran Argentina siempre frustrada.@