03/03/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Javier Milei y Victoria Villarruel apenas se dieron la mano el domingo en la Asamblea Legislativa. Imagen: Web.
La grieta dentro del propio oficialismo estalló como una bomba de estruendo político: la vicepresidente Victoria Villarruel lanzó una andanada verbal contra el presidente Javier Milei y sus principales lugartenientes, en un cruce interno que desnuda no solo fricciones ideológicas, sino una crisis de lealtades dentro de La Libertad Avanza.
En plena resaca del discurso de apertura de sesiones ordinarias del Congreso —donde Milei y Villarruel apenas se cruzaron un saludo, gesto que muchos interpretan como emblema de su relación erosionada por disputas de poder— la titular del Senado tomó el micrófono de las redes sociales para responder con furia a las acusaciones que desde el entorno del mandatario le endilgaron en los últimos días.
El detonante fue un ataque directo del diputado y exministro de Defensa Luis Petri, aliado con la Casa Rosada, quien en una entrevista televisiva cargó contra Villarruel y la describió con dureza: “Ha estado fuera de lugar durante dos años y fue funcional a la oposición”, sostuvo, insinuando que la vicepresidente no solo no apoyó al Gobierno sino que facilitó maniobras que perjudicaron el programa oficial.
Ante esa embestida, Villarruel no se quedó atrás. En una serie de mensajes en X, la vicepresidenta contraatacó con saña contra Petri —a quien acusó de vaciar el Instituto de Obra Social de las Fuerzas Armadas y de Seguridad (IOSFA) y de dejar a “cientos de miles de militares y familias sin atención médica” en los rincones más olvidados del país—, lo trató de “cosplayer” y calificó sus críticas como chismes propios de “vecina chusma”.
Sin embargo, el núcleo de su réplica fue otra frase destinada a poner contra las cuerdas al propio Milei y su círculo: “Quieren mi renuncia, pero no se les va a dar”, sentenció Villarruel, reafirmando que permanecerá en su cargo “hasta el 10/12/27” con “honestidad” pese a los embates internos, y advirtió a quienes la cuestionan que en las urnas podrán manifestar su descontento si así lo desean.
La tensión no quedó solo en los cruces personales. Villarruel respondió también, con ironía agria, a Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados y otro de los que marcó distancia de su postura, a quien definió por su “refinada distinción en chupamedismo”, acusándolo de no tolerar su presencia a su lado durante el acto en el Congreso.
Todo esto ocurre apenas un día después de que Milei insinuara indirectamente, durante la Asamblea Legislativa, que ciertos “propios” —sin nombrarla— sueñan con llegar al Sillón de Rivadavia, frase que muchos interpretaron como una acusación velada de ambición desmedida por parte de su vicepresidenta.
La escena política que se dibuja ahora es la de un oficialismo fraccionado, con dirigentes que no ocultan sus desavenencias internas y que ya no se cuidan siquiera de mantener las formas frente a cámaras o en la primera línea institucional. En ese caldo de cultivo, un sector de La Libertad Avanza murmuró que esta pulseada “terminará mal” —e incluso especuló con la judicialización del conflicto— evidenciando que la crisis de cohesión va mucho más allá de una mera disputa de egos.
Lo que era un desencuentro soterrado hace meses se transformó en una batalla declarada y cruda: Villarruel, alzando la voz con un tono que pocos aliados del Presidente han mostrado, desafía no solo las acusaciones de golpismo implícitas sino la propia estrategia política de Milei, marcando territorio y dejando en claro que la guerra dentro del gobierno no es ya un rumor, sino un choque frontal con consecuencias impredecibles de cara a 2027.








