15/12/2025.- Salta Al Instante.- Foto portada: Reunión de gobernadores.
Frente a la reforma laboral impulsada por Javier Milei, la mayoría de los gobernadores eligió el camino más corto: el silencio. Pese a que está en juego una modificación profunda de derechos laborales, predominó la cautela, la especulación y, en algunos casos, la negociación subterránea con la Casa Rosada.
Salvo contadas excepciones, el panperonismo y el llamado espacio “intermedio” evitaron fijar posición clara. El cordobés Martín Llaryora ensayó una declaración tibia: habló de “modernización” pero pidió no retroceder en derechos, sin enfrentar de lleno el proyecto libertario. Fue más una señal de equilibrio político que una postura firme.
El único que salió al cruce sin rodeos fue Axel Kicillof. El gobernador bonaerense calificó la iniciativa como anacrónica, reciclada de los años ’90 y “con olor a naftalina”. La comparó con el viejo recetario del Consenso de Washington y anticipó su presencia en la movilización convocada por la CGT, marcando una diferencia clara con el resto.
El mutismo de muchos mandatarios tiene una explicación conocida: las provincias están financieramente asfixiadas. Sin obra pública, con cajas previsionales en rojo y conflictos gremiales en puerta, varios gobernadores prefieren no confrontar con el Gobierno nacional mientras esperan auxilio económico.
En ese tablero se mueve el ministro del Interior Diego Santilli, que administra los Aportes del Tesoro Nacional (ATN) como herramienta política. El reciente giro de fondos a Tucumán, gobernada por Osvaldo Jaldo, fue leído como un mensaje directo al resto: apoyo parlamentario a cambio de oxígeno financiero.
Jaldo ya demostró que está dispuesto a colaborar con la gobernabilidad libertaria, tanto en Diputados como en el Senado, donde su bloque puede resultar decisivo para el avance de la reforma y del Presupuesto. Algo similar se espera del catamarqueño Raúl Jalil y, con más matices, del santiagueño Gerardo Zamora, cuyos senadores podrían dividirse estratégicamente.
Desde el peronismo advierten que el escenario es peligroso. La presión de la CGT aparece como el único factor capaz de torcer el rumbo, modificar el proyecto o frenar su tratamiento. La historia de la ley Mucci vuelve como fantasma.
El exministro de Trabajo Carlos Tomada fue más lejos y lanzó una advertencia inquietante: el vínculo entre Nación y gobernadores empieza a parecerse demasiado a una Ley Banelco recargada, donde los votos se negocian con cheques y promesas. “Pueden terminar siendo peones de un juego que le hará mucho daño al país”, alertó.
La reforma laboral avanza mientras los gobernadores miran de reojo, calculan costos y miden transferencias. Pocos confrontan, varios negocian y casi nadie se hace cargo. En ese vacío político, el ajuste encuentra terreno fértil.






