28/01/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Agentes y manifestantes se cruzan frente al edificio donde están alojadas la tropas del ICE en Minneapolis. Imagen: CRAIG LASSIG/ EFE.
Lo que la Casa Blanca vendió como una “respuesta firme” a la inmigración irregular terminó siendo una retirada táctica: agentes federales desplegados en Minneapolis comenzaron a abandonar la ciudad, anunciaron autoridades locales tras semanas de tensión social, dos muertos a manos de fuerzas del orden y una presión política que amenaza con arrasar con la operación impulsada por la administración.
El alcalde demócrata Jacob Frey, agotado por la violencia desatada por la llamada Operación Metro Surge —un despliegue masivo de miles de agentes federales de inmigración en la ciudad— confirmó en redes que algunos agentes comenzarán a retirarse este martes, aunque no detalló cuántos ni qué agencias se irán primero. La medida es vista como un intento de calmar una crisis política y social que ya impacta en la reputación del gobierno federal.
El cambio de postura ocurre bajo la sombra de dos tiroteos mortales protagonizados por agentes federales en lo que va de enero —incluida la muerte del enfermero y ciudadano estadounidense Alex Pretti, cuya muerte desató una ola de protestas y condenas— que han puesto en evidencia la brutalidad y excesos de la operación. Videos y testimonios contradicen las versiones oficiales sobre los hechos, avivando la indignación popular y el reclamo de responsabilidades.
La salida parcial de agentes no es un repliegue espontáneo: es el resultado de presión política de autoridades locales y estatales que calificaron la presencia federal de insostenible y peligrosa, además del impacto negativo en la imagen de la Casa Blanca. Presidentes anteriores —incluso republicanos— y líderes civiles han criticado la escalada de violencia; voces tanto demócratas como algunos republicanos ahora presionan para revisar las tácticas de las fuerzas migratorias.
En paralelo a la retirada, la administración decidió remover al comandante fronterizo más visible de la operación, Gregory Bovino, criticado por su retórica agresiva y su estilo paramilitar, y en su lugar nombrar a Tom Homan como nuevo responsable del despliegue, un gesto que muchos interpretan como control de daños ante la oleada de críticas y protestas.
Lo que en un inicio se vendió como una demostración de fuerza se ha traducido en una puesta en escena de retirada y ajustes de último momento, mientras Minneapolis intenta recuperar algo de calma tras semanas de enfrentamientos, marchas y un debate nacional sobre libertad civil, uso de la fuerza y límites del poder federal.







