EL GOBIERNO VE EL PAÍS ARDER Y NO PROPONE NADA

31/01/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Milei y Fátima Florez. Web.
El paisaje del verano argentino ya no es un cliché de mar y sol: es un país que arde. Más de 230.000 hectáreas de bosques y campos patagónicos se consumieron bajo incendios que se prolongan sin control y sin respuesta estatal eficaz. El drama no es solo ambiental: es político, económico y moral. Un gobierno que proclama el “libre mercado” y la reducción del Estado antepone discursos ideológicos mientras las llamas devoran vidas, territorios y futuro.

La respuesta del Ejecutivo no fue urgente ni concreta; fue tardía, burocrática, y sobre todo insuficiente. Recién después de semanas de reclamos públicos, de movilizaciones de organizaciones sociales y políticas exigiendo atención, y de la simple lógica de que la tragedia ya no podía ocultarse, el gobierno decretó la llamada Emergencia Ígnea. Lo hizo cuando el fuego ya había arrasado cientos de miles de hectáreas, sin claras partidas presupuestarias ni un plan de acción racional para combatirlo.

Mientras tanto, la Mesa Política —esa instancia que debería coordinar respuestas ante crisis— pasó más tiempo planeando reformas laborales y medidas económicas que no aportan al combate contra los incendios que atendiendo la tragedia que se desarrolla ante los ojos de todos. La declaración formal quedó reducida a una mera palabra, un gesto administrativo vacío que no se traduce en recursos ni en estrategias de combate eficaces.

La realidad brutal es que los focos siguen activos, las hectáreas siguen convirtiéndose en cenizas, y las comunidades afectadas —productores, habitantes del sur, brigadistas voluntarios— quedaron a la deriva. Los reclamos de gobernadores patagónicos y vecinos desesperados chocaron con la indiferencia oficial, hasta que la acumulación de críticas obligó a la Casa Rosada a actuar cuando ya era demasiado tarde.

Esta gestión demuestra, una vez más, que ante las urgencias reales —climáticas, sociales, sanitarias— la respuesta del Gobierno es la dilación, la desatención y, finalmente, el ritual retórico de anunciar algo que no cambia nada. Los bosques arden; la política mira.