05/02/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Lilia Lemoine e Ian Moche. Imagen: Web.
En un nuevo capítulo de una controversia que expone los límites de la violencia discursiva en la política argentina, la diputada libertaria Lilia Lemoine volvió a cruzar todas las líneas al afirmar sin pruebas que el niño activista Ian Moche no es autista y que su propia madre lo estaría “haciendo actuar” para obtener beneficios políticos y mediáticos. Las declaraciones provocaron una fuerte respuesta del menor de 12 años, repudio unánime en el Congreso y una intimación formal desde la Justicia para que la legisladora rectifique sus dichos.
Lemoine, del partido La Libertad Avanza, incendió las redes y la agenda política al insistir en que el activista autista —quien se hizo conocido por defender los derechos de las personas con discapacidad y denunciar la falta de políticas públicas— no tiene realmente autismo, sino que estaría “actuando” esa condición por “un negocio para el kirchnerismo o el wokismo”. La diputada llegó incluso a cuestionar la salud mental de la madre del niño y aseguró que éste era “expedido a luces, ruido, maltratos y gritos” en su exposición mediática, sin aportar ninguna prueba concreta.
Las palabras de Lemoine, emitidas en un programa televisivo y replicadas en redes, reavivaron una polémica que ya venía generando tensiones políticas y sociales. Colegas legisladores de distintas bancadas no tardaron en manifestar su rechazo y presentar un proyecto de resolución para repudiar institucionalmente sus declaraciones, exigiendo disculpas públicas y retractación explícita. Dijeron que la política “no habilita a atacar a un niño, y mucho menos a un niño con discapacidad”, y advirtieron que lo ocurrido constituye violencia discursiva agravada por la doble condición de vulnerabilidad del menor: niñez y discapacidad.
La respuesta de Ian Moche fue directa y humana: en un video publicado en sus redes sociales, dijo que lo que sintió fue “feo” y “angustiante”, aunque aseguró que no van a dejarse detener por estas agresiones como activistas. “Voy a salir a responder con amor”, afirmó el chico, mostrando una mezcla de madurez y determinación frente al embate mediático.
Por su parte, el abogado de la familia Moche, Andrés Gil Domínguez, documentó que el niño posee desde 2020 un Certificado Único de Discapacidad (CUD) que acredita su pertenencia al espectro autista nivel 1 con apoyo, basado en evaluaciones de profesionales especializados. El letrado desafió públicamente a Lemoine a verificar la documentación “junto con un escribano” en acta pública, y la instó a “abstenerse de mentir y agredir a un niño” bajo su cargo público.
Las declaraciones de la diputada no quedaron ahí: tras el rechazo generalizado, Lemoine volvió a insultar a la madre de Ian en redes sociales, tildándola de “bruja” y “vieja cobarde”, y planteando sin pruebas que la familia usa al chico como “escudo político”. Este nuevo ataque profundizó aún más la controversia y provocó renovadas críticas incluso dentro de sectores alineados con su espacio político.
El caso pone de manifiesto una nueva forma de confrontación política en Argentina, donde la violencia simbólica y las acusaciones gratuitas se lanzan sin consideración por las consecuencias humanas —en este caso, dirigidas a un niño de 12 años y su familia. Las repercusiones superan el terreno mediático: ya hay acciones legales en marcha y un debate sobre los límites éticos y constitucionales del discurso público de los funcionarios.







