05/03/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Juicio por el femicidio de Dalma Salomé Batache. Imagen: Ministerio Público Fiscal.
Cuando todavía duele decir su nombre, Dalma Salomé Bataches —una joven de 22 años brutalmente asesinada en septiembre de 2024— volvió a poner al descubierto la violencia de género y la incapacidad del entorno social que la rodeó. Ayer, Víctor Manuel Márquez, de 21 años, fue declarado culpable por unanimidad por un jurado popular y condenado a prisión perpetua por el femicidio de Dalma: homicidio agravado por violencia de género, ensañamiento y alevosía, los agravantes más brutales que contempla el Código Penal.
El juicio, el primer caso llevado por un juicio con jurado en la historia de Salta, se convirtió en una profunda herida abierta para la provincia. No fue un trámite técnico: fue un repaso doloroso de cómo una joven terminó muerta bajo un puente del barrio Santa Lucía, con golpes en todo el cuerpo, cordones atados al cuello y un enorme bloque de cemento estampado contra su cabeza. La escena que describieron los peritos y declararon los testigos desnuda la realidad más cruda de nuestra sociedad: la violencia machista se sigue cobrando vidas mientras muchos miran para otro lado.
El jurado —doce salteños comunes, sin formación jurídica— deliberó más de dos horas y sentenció: culpable por femicidio con agravantes, respaldando la teoría de la Fiscalía sobre un crimen deliberado y brutal. El juez técnico, Guillermo Pereyra, aplicó la pena máxima: prisión perpetua. El veredicto fue anunciado en una sala de audiencias que se conmovió con el llanto de la madre de Dalma, Andrea Medina, que habló de “algo parecido a paz” tras revivir una y otra vez el horror de perder a su hija.
La acusación no dejó lugar a medias tintas. Los fiscales delinearon ante el jurado un cuadro espantoso: muerte lenta y dolorosa, con golpes, asfixia y traumatismo craneal, en un lugar oscuro y sin posibilidad alguna de auxilio para la víctima. La fiscal explicó que “no fue un acto aislado ni un arrebato”: fue una decisión, acción tras acción, hasta consumar el ataque brutal.
La defensa intentó minimizar el contexto, señalando que la escena estaba vinculada al consumo de drogas y que no existió vínculo previo entre el acusado y la víctima. Incluso tiró la teoría de una pelea caótica e irreflexiva. Pero la evidencia cruda —el estado del cuerpo, la superioridad física del imputado y la ausencia de señales defensivas por parte de Dalma— desbarató esa versión. Para la fiscalía, fue claro que el ataque fue un acto de sometimiento violento que se inscribe en la violencia estructural contra las mujeres.
Este proceso, además de cerrar una etapa dolorosa para la familia de Dalma, marca un hito: el debut del juicio por jurados en Salta, una herramienta que pone en manos de ciudadanos comunes la responsabilidad de juzgar casos graves como este. Un sistema que expone a la sociedad al espejo de sus peores miserias, pero que también ofrece un espacio para que la justicia —aunque tardía— tenga voz comandada por pares de una comunidad que no quiere más femicidios.







