12/03/2026.- Salta al Instante.- Jesús Castillo- Foto portada: Miguel Ragone, secuestrado en 11 de marzo de 1976. Imagen: Web.
Cincuenta años después, el nombre de Miguel Ragone vuelve a atravesar la historia política de Salta como una herida abierta que el tiempo no consiguió cerrar. Medio siglo después de su secuestro y asesinato, el recuerdo del exgobernador peronista sigue incomodando a quienes prefieren mirar hacia otro lado cuando se habla del terrorismo de Estado que se desplegó en la provincia antes y durante la dictadura.
El 11 de marzo de 1976, apenas días antes del golpe militar que instauraría el régimen más sangriento de la historia argentina, Ragone salió de su casa para ir a trabajar como médico al Hospital San Bernardo. Nunca llegó. Un grupo de tareas lo interceptó en plena calle, lo redujo y lo subió a su propio auto. En medio del operativo, los atacantes dispararon contra testigos: el comerciante Santiago Arredes fue asesinado y Margarita Martínez de Leal resultó gravemente herida. Ragone fue visto por última vez esa mañana. Desde entonces permanece desaparecido.
El auto del exgobernador apareció abandonado horas después en Cerrillos, a pocos kilómetros de la capital salteña. Dentro del vehículo había rastros de sangre que anticipaban lo peor. La hipótesis judicial es que Ragone fue asesinado poco después del secuestro, aunque su cuerpo nunca fue hallado. Su nombre quedó inscripto en la lista de los detenidos desaparecidos que dejó el terrorismo de Estado en la Argentina.
Ragone no era un dirigente cualquiera. Médico de profesión y militante peronista, había sido elegido gobernador de Salta en 1973 con más del 50 por ciento de los votos, en el regreso de la democracia tras años de proscripción. Su gobierno buscó impulsar políticas sociales y sanitarias para los sectores más pobres, lo que lo enfrentó con sectores del poder económico y político local.
La violencia política que atravesaba el país terminó alcanzándolo de lleno. En los tribunales quedó probado que el operativo que terminó con su secuestro y asesinato fue ejecutado por fuerzas del Ejército y de la Policía de Salta vinculadas a la Triple A, bajo la órbita del III Cuerpo de Ejército que conducía Luciano Benjamín Menéndez. Por el crimen fueron condenados, entre otros, Carlos Alberto Mulhall, Miguel Gentil y Joaquín Guil, responsables de la maquinaria represiva que operó en la provincia.
Pero el caso Ragone también dejó al descubierto otro engranaje oscuro: el de la impunidad. Durante años la investigación estuvo plagada de irregularidades, encubrimientos y maniobras para evitar que los responsables pagaran por el crimen. Recién décadas después comenzaron a dictarse condenas en causas de lesa humanidad que reconstruyeron el operativo represivo y el aparato que lo hizo posible.
A cincuenta años del secuestro, el asesinato y la desaparición del exgobernador, el nombre de Miguel Ragone sigue resonando como símbolo de una época en la que la violencia política se llevó por delante a dirigentes, militantes y ciudadanos comunes. En Salta, su historia no es sólo memoria: es una advertencia brutal sobre hasta dónde puede llegar el poder cuando decide borrar a sus adversarios de la faz de la tierra.







