12/03/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: El esquema contempla aumentos retroactivos y progresivos: 2% en diciembre, 2,5% en enero, 2,2% en febrero, 2% en marzo, 1,7% en abril y 1,5% en mayo. Imagen: Senado de la Nación.
Mientras el ajuste sigue golpeando a jubilados, trabajadores y provincias, en el corazón del Senado de la Nación Argentina se cocina una historia muy distinta. Los senadores nacionales cobrarán en marzo más de 11 millones de pesos brutos, una cifra que vuelve a poner en el centro de la polémica a las dietas del Congreso y a un sistema salarial que se ajusta casi automáticamente cada vez que hay paritarias para el personal legislativo.
El incremento no surgió de una votación en el recinto ni de un debate público sobre los ingresos de la dirigencia política. Llegó por la vía indirecta: el acuerdo salarial alcanzado entre las autoridades del Congreso y los gremios legislativos para actualizar los sueldos de los trabajadores parlamentarios. Como las dietas de los senadores están atadas al valor de esos mismos módulos salariales, el aumento se trasladó en forma automática a los ingresos de los integrantes de la Cámara alta.
El mecanismo es tan simple como explosivo. El salario de los senadores se calcula a partir de 4.000 módulos del sistema salarial del Congreso: 2.500 corresponden al sueldo base, 1.000 a gastos de representación y otros 500 al adicional por desarraigo. Cada vez que se actualiza el valor de esos módulos por paritarias del personal legislativo, la dieta de los legisladores también sube. Sin discusión política, sin debate público y sin necesidad de votar aumentos propios.
Hasta noviembre pasado, un senador cobraba alrededor de 10,2 millones de pesos brutos. Con la aplicación del nuevo acuerdo salarial, esa cifra trepa ahora a aproximadamente 11,6 millones de pesos. Y el aumento no se detiene ahí: el esquema paritario contempla varios tramos que se aplicarán de manera progresiva entre diciembre y mayo, lo que seguirá empujando los ingresos hacia arriba.
El acuerdo salarial que dispara la suba contempla una actualización cercana al 9,4 por ciento acumulado para los trabajadores legislativos, distribuida en distintos tramos retroactivos y escalonados. Esa negociación, firmada entre las autoridades administrativas del Congreso y el sindicato que conduce Norberto Di Próspero, terminó impactando de lleno en las dietas de los senadores por el sistema de “enganche” automático que rige desde 2024.
No todos los senadores cobran exactamente lo mismo. Algunos no perciben el adicional por desarraigo, como ocurre con Patricia Bullrich, Agustín Monteverde y Mariano Recalde, que representan a la Ciudad de Buenos Aires, o con Alicia Kirchner, que optó por mantener su jubilación como exgobernadora. Pero incluso sin ese componente, los ingresos de la Cámara alta siguen ubicándose en cifras millonarias que vuelven a encender la discusión pública.
Mientras tanto, en la Cámara de Diputados de la Nación Argentina la situación es distinta. Allí las dietas no están atadas automáticamente a las paritarias del personal, lo que genera una brecha salarial cada vez mayor entre ambas cámaras. Hoy un diputado nacional percibe cerca de 6 millones de pesos brutos, casi la mitad de lo que cobra un senador.
La escena que deja este nuevo aumento es tan clara como incómoda: mientras el discurso político gira alrededor del ajuste, el déficit y la austeridad, en el Congreso los salarios de la Cámara alta siguen subiendo por un mecanismo automático que cada vez que se activa vuelve a encender la misma pregunta incómoda: quién decide cuánto gana la política cuando la política decide no discutirlo.







