13/04/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Manuel Adorni. Imagen: Prensa.
La escena parece salida de un manual de opacidad financiera: dos mujeres ligadas a la fuerza, una comisaria retirada y su hija oficial en actividad, sentadas frente a un fiscal federal para explicar cómo terminaron financiando con 100 mil dólares al jefe de Gabinete, Manuel Adorni. No es un detalle menor ni una anécdota administrativa. Es el corazón de una investigación por presunto enriquecimiento ilícito que ahora empieza a desmenuzar cada movimiento, cada firma y cada vínculo.
Ante el fiscal Gerardo Pollicita declararon Graciela Molina de Cancio y su hija Victoria Cancio, quienes figuran como acreedoras del funcionario. La cifra no es simbólica: 85.000 dólares aportados por la madre, 15.000 por la hija. Todo respaldado con una hipoteca sobre un departamento en Parque Chacabuco. Un mecanismo “no bancario” que, en cualquier otro contexto, encendería todas las alarmas.
Graciela Molina de Cancio, prestamista de Adorni (Capturas de Video)
Victoria Cancios, prestamista de Adorni (Capturas de Video)
Pero el dato que tensa aún más la cuerda es la simultaneidad: la operación se concretó el mismo día en que Bettina Angeletti, esposa de Adorni, adquiría otra propiedad en el country Indio Cua. Dos movimientos, una misma jornada, un mismo núcleo familiar.
La escribana Adriana Nechevenko, pieza clave en el entramado, no esquivó su rol: fue ella quien vinculó a las prestamistas con el funcionario. En su defensa, intentó desdramatizar lo que ya tiene forma de escándalo. Negó dinero en efectivo, habló de “marco normal” y describió la operación como una suerte de financiamiento directo entre partes, disfrazado de compraventa en cuotas. La hipoteca, aseguró, tenía una tasa del 11% anual y pagos mensuales. Todo prolijo, todo en regla, según su versión.
Sin embargo, la lupa judicial no se detiene ahí. Esta semana deberán declarar también dos jubiladas, Claudia Bibiana Sbabo y Beatriz Alicia Viegas, protagonistas de otra operación que roza lo inverosímil. Le vendieron a Adorni un departamento en la calle Miró por apenas 30.000 dólares al contado, con la promesa de completar otros 200.000 en un año… sin intereses. Una financiación imposible en cualquier mercado formal.
Detrás de esa maniobra aparece otro nombre: Pablo Martín Feijoo, hijo de Viegas y señalado como amigo del funcionario. Fue él quien reservó el inmueble, originalmente adquirido al exfutbolista Hugo Morales por 200.000 dólares, en condiciones precarias, apenas tres meses antes de la reventa. La cadena de operaciones, los tiempos y los vínculos empiezan a configurar algo más que coincidencias.
Mientras tanto, en la superficie política, el oficialismo cierra filas. Karina Milei se muestra junto a Adorni en actividades públicas, en un respaldo explícito en medio del vendaval. Las fotos se repiten, los gestos se multiplican, como si la exposición pudiera neutralizar el avance de las sospechas.
Pero en los despachos judiciales la dinámica es otra. Allí no importan las imágenes ni los actos oficiales. Importan los números, las fechas y los nombres. Y en ese terreno, el caso Adorni empieza a acumular demasiadas preguntas y pocas respuestas convincentes.









