EXCLUSIÓN LIBERTARIA: 42% de abandono escolar

17/04/2026.- Salta al Instante.- Foto portada:  42% de jóvenes fuera del sistema, la exclusión golpea y deja a la escuela como un recuerdo. Imagen: Archivo La Gaceta/Inés Quinteros Orio.
El dato no es una estadística más: es una radiografía brutal. El 42% de lxs jóvenes mayores de 18 años que viven en barrios populares del AMBA abandonaron la escuela. No por elección, sino por una cadena de obstáculos que pulveriza cualquier expectativa de integración a través del estudio y el trabajo. El informe “Vivir en el presente. Voces de jóvenes excluidos de barrios populares”, elaborado por el Instituto Universitario Cias y Fundar, pone números y voces a una exclusión que avanza.

El diagnóstico es crudo. Un tercio de lxs encuestadxs se imagina trabajando por cuenta propia, pero lo que aparece en ese horizonte no es progreso sino subsistencia: ocupaciones precarias, inestables, sin futuro. La escuela, en ese recorrido, queda atrás, como una posibilidad que se cae antes de consolidarse.

Las entrevistas cualitativas revelan un entramado que asfixia desde el origen. Chicas y chicos atravesadxs por privaciones socioeconómicas y socioresidenciales describen trayectorias marcadas por la disolución familiar temprana, el abandono escolar y la repetición del rebusque como única salida. “Han transitado experiencias de disolución familiar temprana, abandono escolar y recurrencia en el empleo precario, el rebusque y las actividades económicas ilegales”, señala el informe. El punto de partida ya está condicionado: familias atravesadas por violencia, consumos problemáticos y problemas de salud mental.

Brian lo cuenta sin filtro: “Empecé un año (el ciclo escolar) y como vivía en la calle, no pude terminar. Yo me movía por Chacarita y el colegio está allá en el sur, no se puede estar viajando, caminando hasta allá”. La distancia no es solo geográfica. Es social, económica y estructural.

El estudio advierte que el consumo problemático, el delito y la participación en economías ilegales no pueden leerse como decisiones individuales ni resolverse con castigo penal. “Son comportamientos estructuralmente inducidos por entornos donde las instituciones que deberían sostener la crianza han perdido capacidad de hacerlo”, remarca. Sin embargo, la discusión política dominante insiste en reducir el problema a su dimensión punitiva.

En territorios atravesados por redes delictivas y narcomenudeo, esas economías aparecen como una salida inmediata. “Para muchos jóvenes, estas actividades son formas de generar mayores ingresos y, en algunos casos, de ganar prestigio y reconocimiento”, describe el informe. Yolanda lo sintetiza en una frase que expone la lógica del encierro: “Los transas alquilan una casa en tu cuadra y hacen que te vuelvas soldadito sí o sí… así no los podés denunciar”.

La consecuencia es una generación atrapada en el presente. Jóvenes que, como señala el documento, no logran proyectarse: el trabajo no aparece como un destino, sino como una interrupción forzada de una crianza ya frágil. “Con frecuencia, esos jóvenes están anclados en el presente, sin capacidad de imaginarse un futuro mejor”. Muchos quieren “rescatarse”, pero no tienen con qué.

El cierre del informe es una advertencia directa: sin políticas públicas sostenidas, la exclusión seguirá profundizándose. Plantea la necesidad de reconstruir la inversión social, apoyar a las familias en la crianza, sostener escuelas capaces de contener trayectorias complejas y generar espacios comunitarios donde la adolescencia no quede reducida a la esquina.

El 42% no es solo un número. Es una señal de alarma que expone, sin matices, el alcance de una fractura social que ya no se puede disimular.