21/04/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Martín Menem y Ritondo en la Cámara de Diputados. Imagen: Web.
El relato de control político empezó a resquebrajarse en el Congreso. Lo que el oficialismo imaginaba como una etapa de aprobación acelerada de reformas se transformó en un pantano donde ni siquiera consigue avanzar con proyectos que daba por descontados. El problema ya no es la ambición: es la falta de votos.
El proyecto “Hojarasca”, la eliminación de las PASO y el presupuesto universitario quedaron atrapados en ese nuevo escenario. La sesión que debía tratarlos fue postergada sin fecha cierta, una señal concreta de que el Gobierno no logra reunir las voluntades necesarias en la Cámara de Diputados. La iniciativa impulsada por Federico Sturzenegger para derogar decenas de leyes seguirá empantanada en comisiones antes de siquiera asomar al recinto.
El frente universitario es otro punto de conflicto que expone la debilidad oficial. La Casa Rosada intentó imponer una nueva ley que reemplace la norma aprobada, vetada y luego ratificada por el Congreso, pero el intento naufragó. Ni siquiera logró sostener el apoyo de aliados circunstanciales. El diagnóstico que circula en el Congreso es tajante: acompañar ese proyecto implicaría incendiar el vínculo con docentes y no docentes. La mayoría de los bloques directamente se planta en contra.
En paralelo, la reforma electoral tampoco despega. La idea inicial de eliminar las PASO de manera definitiva chocó contra una realidad adversa: el reagrupamiento opositor y la resistencia de aliados que no están dispuestos a entregar una herramienta clave. El ministro del Interior, Diego Santilli, intentó negociar con gobernadores, pero los números no cierran.
Incluso dentro del espectro que supo acompañar al oficialismo aparecen límites. Mauricio Macri se mantiene firme en la defensa de las PASO, mientras sectores del radicalismo también rechazan su eliminación. En ese esquema, figuras como Maximiliano Pullaro quedan condicionadas por sus propias dinámicas provinciales y no ofrecen garantías de apoyo.
El tablero se mueve y el oficialismo pierde margen. Gobernadores que meses atrás evaluaban acuerdos con la Casa Rosada ahora recalculan costos frente a un escenario político más incierto.
Como telón de fondo, el jefe de Gabinete Manuel Adorni deberá presentarse en el Congreso para dar explicaciones sobre la gestión en medio de cuestionamientos judiciales que lo rodean. Una exposición incómoda para un Gobierno que ya no logra imponer agenda.
El resultado es un cambio de clima evidente: sin mayoría, sin consensos y con aliados que dudan, el oficialismo enfrenta su propio límite. El Congreso dejó de ser una escribanía y se convirtió en un terreno hostil donde cada ley se vuelve una batalla.






