SIN RETORNO: El Gobierno da por muerta la relación con Macri aunque después pida auxilio

22/04/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Milei y Macri. Imagen: Archivo.
La relación entre Javier Milei y Mauricio Macri ya no admite matices ni zonas grises. En la Casa Rosada la definen con una palabra que repiten sin rodeos: “sin retorno”. En ese clima, el Gobierno descarta de plano cualquier posibilidad de una alianza nacional con el expresidente y empieza a reconfigurar su estrategia electoral con un objetivo más acotado y pragmático: cerrar acuerdos territoriales con dirigentes del PRO, pero sin el sello ni la conducción del fundador del partido amarillo.

Ni las tensiones internas que atraviesan a La Libertad Avanza, ni los cuestionamientos por inconsistencias patrimoniales que rodean al jefe de Gabinete Manuel Adorni, ni los desequilibrios económicos logran desplazar del centro de la escena una obsesión persistente del oficialismo: la confrontación con Mauricio Macri. El exmandatario, que decidió relanzar el PRO y promover candidaturas propias en la mayor cantidad de provincias posible, reapareció públicamente en un momento delicado para la imagen de Javier Milei. La reacción en Balcarce 50 fue inmediata y sin filtros. “Nunca supo cuál es su lugar en el mundo, ni siquiera cuando era joven”, deslizaron desde el entorno más cercano del Presidente.

El vínculo entre ambos espacios venía deteriorado desde noviembre de 2025, cuando Guillermo Francos dejó la Jefatura de Gabinete. Macri, que se encontraba en la Quinta de Olivos al momento de la renuncia, cuestionó la decisión de Milei de designar a Manuel Adorni como su sucesor. Desde entonces, la relación quedó congelada. La posterior decisión del ex jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires de relanzar el PRO terminó de sellar una ruptura que en el oficialismo consideran definitiva.

Sin embargo, lejos de la dureza que domina la relación entre las cúpulas, en los territorios la convivencia entre el PRO y La Libertad Avanza muestra otra cara. En distintos municipios y legislaturas provinciales, especialmente en la provincia de Buenos Aires, ambos espacios mantienen acuerdos de hecho y articulaciones políticas que contrastan con la confrontación nacional. Allí, la disputa por la sucesión de Axel Kicillof ya empezó a ordenar posiciones.

En ese escenario, los dirigentes del PRO se encolumnan mayoritariamente detrás de Diego Santilli, actual ministro del Interior, con aspiraciones de competir por la gobernación bonaerense. Su candidatura cuenta con el respaldo de sectores del oficialismo, en una estrategia que busca consolidar alianzas locales sin necesidad de un acuerdo formal con Mauricio Macri.

El jefe del bloque PRO en Diputados, Cristian Ritondo, fue uno de los que explicitó esa postura. “En provincia de Buenos Aires no hay opción si queremos ganar, hay que ir juntos”, afirmó, al tiempo que respaldó a Santilli como el mejor posicionado para encabezar una eventual candidatura, en contraste con otros nombres como el de Sebastián Pareja.

Durante meses, Ritondo intentó actuar como puente entre la Casa Rosada y el PRO, organizando encuentros informales que no lograron modificar la desconfianza mutua. Las cenas y reuniones no alcanzaron para recomponer el vínculo con el entorno de Milei, que se mantuvo firme en su decisión de cerrar la puerta a cualquier entendimiento con Macri. Con ese escenario, el expresidente optó por reorganizar su espacio político y relanzar el PRO con la intención de recuperar protagonismo.

Desde el oficialismo minimizaron ese movimiento. En los despachos libertarios sostienen que Macri está dando “manotazos de ahogado” y que su espacio no supera los 4 puntos de intención de voto. Sin embargo, la irrupción de escándalos como el denominado “Adorni-gate” alteró parcialmente el tablero y le dio aire a un PRO que busca reposicionarse con un discurso crítico pero matizado. “La lealtad es al cambio que se prometió. Eso nos obliga a reconocer lo que está bien y señalar lo que está mal”, planteó Macri en un acto reciente en Chaco.

En esa provincia, el exmandatario mantuvo encuentros con los gobernadores Leandro Zdero y Juan Pablo Valdés, en una señal de que el PRO busca reconstruir una red de alianzas con mandatarios provinciales. En el Gobierno interpretaron esos movimientos como un intento de reeditar una coalición similar a Juntos por el Cambio. “Está claro que Mauricio está queriendo reeditar Juntos por el Cambio y que los gobernadores buscan un plan B”, señalaron desde el entorno presidencial.

La estrategia electoral también reavivó tensiones internas dentro del oficialismo. Por un lado, el sector alineado con Karina Milei, con el armado político de Eduardo “Lule” Menem, impulsa la idea de competir con candidatos propios en cada provincia. Por otro, el espacio vinculado a Santiago Caputo plantea la necesidad de sellar acuerdos con gobernadores para asegurar mayorías legislativas. Esa diferencia, que ya había generado fracturas en 2025, sigue vigente, aunque encuentra un punto de coincidencia: el rechazo a Mauricio Macri.

En ese terreno, la figura del expresidente funciona como un factor de cohesión interna. Las disputas entre los distintos sectores de La Libertad Avanza se atenúan cuando se trata de confrontar con el líder del PRO. La tensión con Macri también tiene un componente personal, particularmente en su relación con Karina Milei. Desde el oficialismo sostienen que el exmandatario cometió un error político al cuestionar públicamente el rol de la secretaria general de la Presidencia, a quien había acusado de ejercer un “alarmante nivel de personalismo” y de construir una estructura cerrada sin tolerancia a la disidencia.

Ese episodio terminó de sellar su exclusión del círculo de confianza del Gobierno. “Macri nunca entendió que la única manera de llevarse bien con Javier es llevándose bien con Karina”, sintetizó una fuente cercana al oficialismo.

En paralelo, en la Casa Rosada relativizan el peso electoral del expresidente. Según las mediciones que manejan, Macri tendría una intención de voto cercana al 4 por ciento como candidato presidencial, mientras que el PRO oscilaría entre el 5 y el 7 por ciento. Incluso en un escenario donde Victoria Villarruel decidiera competir, el reparto del electorado de centroderecha no modificaría sustancialmente esos números.

Sin embargo, puertas adentro reconocen un problema: en un sistema electoral que exige alcanzar el 40 por ciento de los votos con una diferencia de 10 puntos para evitar el balotaje, cada punto cuenta. “Todo candidato que saque votos complica el 40-10”, admiten en el oficialismo.

En ese marco, la figura de Mauricio Macri aparece como una variable incómoda. Sin capacidad —según el Gobierno— de disputar el liderazgo, pero con suficiente peso como para interferir en la estrategia electoral libertaria. Una presencia que no alcanza para sellar una alianza, pero sí para condicionar el resultado. Y que, en un escenario de fragmentación, podría convertirse en un actor decisivo.