Evita vuelve: cómo Perón recuperó su cuerpo en 1971

02/09/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Ilustrativa. Imagen: Leo Spinetti.
El 3 de septiembre de 1971, Perón recibió en Puerta de Hierro los restos de Eva Perón, entregados por la dictadura de Alejandro Lanusse después de casi 16 años de ocultamiento. Al abrir el féretro aparecieron las huellas de un brutal ultraje que el líder justicialista decidió documentar en silencio.

El 3 de septiembre de 1971, después de casi 16 años de clandestinidad, los restos de Eva Perón fueron entregados a Juan Domingo Perón en su residencia de Puerta de Hierro, Madrid. La devolución fue realizada por enviados de la dictadura encabezada por Alejandro Lanusse, en el marco de las negociaciones políticas que buscaban encauzar el retorno del peronismo.

Para Perón, aquel momento tenía un significado personal y político enorme. Desde su exilio había sostenido dos objetivos: regresar a la Argentina y recuperar el cuerpo de Evita, desaparecido después del golpe de Estado de 1955. El primero parecía cada vez más cercano; el segundo acababa de concretarse.

La entrega se produjo durante la noche. El operativo militar llegó hasta la residencia después de permanecer varios minutos circulando por las inmediaciones. Finalmente, el féretro ingresó a la Quinta 17 de Octubre, donde Perón esperaba acompañado por Isabel Martínez de Perón, José López Rega, Jorge Daniel Paladino, el embajador Jorge Rojas Silveyra y dos sacerdotes.

El encargado formal de la entrega fue el coronel Héctor Cabanillas, uno de los militares que había participado en el ocultamiento de los restos. Frente a Perón, cumplió con el procedimiento establecido y dejó asentada la restitución en un acta.

Casi 16 años de ocultamiento

La historia había comenzado en noviembre de 1955, pocos meses después del derrocamiento de Perón. Los restos embalsamados de Evita fueron retirados de la sede de la CGT por un operativo de inteligencia militar encabezado por Carlos Moori Koenig.

A partir de entonces comenzó un recorrido clandestino. El cadáver pasó por distintos lugares mientras los responsables de la llamada Revolución Libertadora buscaban evitar que la tumba de Evita se transformara en un símbolo capaz de movilizar nuevamente al peronismo.

Entre las alternativas consideradas estuvo incluso la destrucción del cuerpo. Sin embargo, las dificultades para disponer de los restos llevaron finalmente a buscar una solución fuera de la Argentina.

En 1957, el cadáver fue trasladado a Italia y enterrado en el Cementerio Mayor de Milán bajo una identidad falsa: “María Maggi, viuda de Magistris”.

Durante años, el paradero permaneció oculto. La información sobre el recorrido europeo del cuerpo también quedó rodeada de versiones contradictorias, alimentadas en parte por las operaciones de inteligencia destinadas a mantener en secreto su ubicación.

La devolución como pieza de una negociación política

El escenario cambió durante los primeros años de la década del 70. La crisis política argentina y el secuestro y asesinato del expresidente Pedro Eugenio Aramburu por parte de Montoneros modificaron el tablero.

En ese contexto, la restitución de los restos de Evita quedó vinculada a las negociaciones impulsadas por Lanusse para construir el denominado Gran Acuerdo Nacional.

La dictadura pretendía establecer condiciones para la salida política del régimen y el regreso de Perón. La devolución del cuerpo de Eva se convirtió así en uno de los elementos centrales de una negociación mucho más amplia.

Pero cuando el féretro llegó a Puerta de Hierro, el significado político quedó momentáneamente desplazado por una escena íntima.

El féretro ocultaba las marcas del horror

La primera caja de madera se encontraba deteriorada por el paso del tiempo y la humedad. En su interior había una segunda estructura metálica de zinc, cerrada herméticamente.

Ante la falta de herramientas adecuadas, fue necesario recurrir a elementos improvisados para abrirla. Perón participó de las tareas y, finalmente, volvió a encontrarse cara a cara con el cuerpo de quien había sido su compañera y una de las figuras políticas más importantes de la Argentina del siglo XX.

La conservación realizada años antes por el anatomista español Pedro Ara había permitido mantener el cuerpo en condiciones extraordinarias. Sin embargo, el estado de los restos también reveló las consecuencias de los años de ocultamiento y violencia.

Durante la revisión aparecieron numerosas lesiones. Se describieron fracturas, cortes y marcas en distintas partes del cuerpo, además de señales compatibles con quemaduras. También se observaron heridas en el rostro, cuello, detrás de las orejas y en una de las manos.

Perón ordenó fotografiar las lesiones y dejar constancia de lo encontrado. Sin embargo, no convirtió inmediatamente aquella evidencia en una denuncia pública.

El contexto político era demasiado delicado. El viejo líder exiliado estaba cada vez más cerca de volver a la Argentina y sabía que cualquier movimiento podía afectar las negociaciones que finalmente desembocarían en su retorno.

Evita permaneció en España después del regreso de Perón

La recuperación de los restos no significó que Evita regresara inmediatamente a la Argentina.

Perón volvió al país en 1973 y recuperó la Presidencia al año siguiente. Pero los restos de Eva permanecieron en España. El líder justicialista entendía que trasladarlos en ese momento podía convertirlos nuevamente en el centro de una disputa política.

Perón murió el 1 de julio de 1974. Meses después, el 18 de noviembre, los restos de Evita fueron finalmente repatriados.

La llegada a la Argentina estuvo acompañada por una enorme movilización. La CGT declaró un paro general y una multitud acompañó el traslado desde Aeroparque hasta la Quinta de Olivos.

Los restos fueron colocados allí junto al cuerpo de Perón, fallecido apenas cuatro meses antes.

La dictadura volvió a decidir qué hacer con Evita

El golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 abrió un nuevo capítulo.

La dictadura militar volvió a enfrentarse con el mismo problema que había intentado resolver dos décadas antes: qué hacer con los restos de una mujer cuyo nombre continuaba teniendo una enorme potencia política y simbólica.

En octubre de 1976, el régimen de Jorge Rafael Videla dispuso finalmente la entrega de los restos a las hermanas Duarte. La condición fue que fueran enterrados en el panteón familiar del Cementerio de la Recoleta, bajo estrictas medidas de seguridad y sin una ceremonia pública.

Durante la última dictadura militar, la tumba de Evita permaneció bajo vigilancia. El acceso estuvo restringido y cualquier manifestación alrededor de su sepultura podía ser considerada una actividad política sospechosa.

Así, el cuerpo que había sido escondido durante años volvió finalmente a Buenos Aires, pero bajo custodia y en medio del clima represivo del terrorismo de Estado.

La historia de los restos de Eva Perón terminó convirtiéndose en una de las páginas más oscuras de la política argentina: un cadáver que fue perseguido, ocultado, trasladado bajo una identidad falsa y utilizado como pieza de negociación, incluso después de la muerte de quien había sido una de las figuras centrales del movimiento peronista.