Milei y el día de la marmota

14/09/2026.- Por Eduardo Aliverti.- Foto portada: Javier y Karina Milei junto al perro Hela, de narcóticos de la Policía Federal Javier y Karina Milei junto al perro Hela, de narcóticos de la Policía Federal. Imagen: Presidencia.
La Rosada navega entre un insólito discurso nacionalista, los festejos por la inflación (sin contar la canasta básica) y la posible eliminación de las PASO, mientras la economía real muestra signos de recesión. ¿Y la oposición?

En el renovado Día de la Marmota de la política argentina, el Gobierno fluctúa entre insistir con su ¿insólito? brote nacionalista, festejar el índice de inflación que no atiende a la canasta básica y arremeter con la suspensión o eliminación de las PASO. Enfrente, aunque comienzan a percibirse ciertos movimientos, por ahora se continúa con pronóstico incierto.

No está claro si la táctica gubernamental dará resultado ni hasta dónde, visto que los signos de la economía real, cotidiana, exponen que el descenso inflacionario más parece empezar a relacionarse -en varios sectores, no en todos- con indicadores de recesión.

Son ingredientes confusos. Hay, por un lado, la impresión de movida consumista en los grandes centros urbanos, con centro en Buenos Aires, pero no solamente. Zonas con restaurantes, bares y lugares de diversión a pleno, asistencia a espectáculos, circulación “cultural” en general, buenas temporadas turísticas, etcétera. Por otro, fábricas y comercios cerrados sin solución de continuidad, crecimiento de locales en alquiler sin demanda, gente sin encontrar otro destino que la “uberización”.

Tal vez no sea tan complicado disipar esos contrastes.

Argentina nunca dejó de tener -excepto circunstancias excepcionales, como las hiper y el 2001- la imagen de un país donde inevitablemente hay mucha plata para que camine la impresión (y realidad) de subsistir pletóricos o cómodos, desde una minoría poblacional que siempre pudo gastar, viajar, renovar compras, cambiar modelos de automotores.

Por el otro wing, estos modelos de pocos con mucho o suficiente concluyen, como ya se comprobó hasta el cansancio, que terminan las avalanchas de importados, el dólar retrasado y su ruta ficcional. En el presente se agrega un dramático escenario de millones de endeudados, que el Gobierno atribuye a meras transacciones equivocadas entre el zorro y las gallinas.

Apreciado desde los intereses oficiales, la ensoñación no tiene por qué derrumbarse -bien que hasta las elecciones resta una eternidad- en tanto y cuanto no exista lo que sea confiable desde la vereda opuesta.

El peronismo está inmerso en una revulsión que, teóricamente, se agravaría si el Gobierno consigue quitar las PASO.

Tendría que organizar una Primaria puramente intestina, con un padrón de afiliados desactualizado por completo y sin que la concurrencia sea obligatoria.

En esta semana se acentuaron trascendidos de que el “cristinismo” está presto a romper, yendo con candidato propio y mientras aguarda definiciones internacionales frente a la proscripción de su líder. ¿Sergio Massa? ¿Gerardo Zamora? ¿Sergio Uñac? ¿Cristina impulsaría un candidato a la derecha de Kicillof?

Hay quienes dan crédito a inferencias de los mentideros subterráneos, a propósito de un canje entre peronismo concurriendo dividido para garantizar reelección mileísta e… indulto, o modificaciones vía ampliación de la Corte Suprema, o ligadas a la integración de tribunales federales (¿de lo cual habría sido un adelanto la votación a favor del pliego de Pablo Yadarola, que la senadora Juliana Di Tullio describió como una cuestión “técnica y aburrida”?).

Quizás sea preferible no dar pábulo a esas agrias interpretaciones. Sólo se las cita a efectos de consignar lo circulante, porque llama la atención que circule tanto.

En medio de este conjunto especulativo que atañe a la fuerza opositora principal, y excepto -entre otras pocas- por algunas publicaciones de este diario-, el mundo oficialista sigue discurriendo por sobresaltos y declaraciones que, superado el affaire Adorni, no alteran mayormente un andar ¿tranquilo? ¿Sin amenazas?

Por caso, Santiago Bausili, socio de Caputo Toto al frente del Banco Central, aseguró a los senadores que el oro esfumado de sus bóvedas está en Suiza, a buen resguardo, gracias a una operación que según él fue auditada “sin objeciones” por la Auditoría General de la Nación.

Ocurre, sin embargo, que el propio organismo de control sostiene que el BCRA le impidió acceder a documentación clave sobre los traslados. Y que, por tanto, “no ha concluido el análisis pertinente” para confirmar la trazabilidad de las reservas (ver los artículos de Paula Marussich y Raúl Kollmann, en Página/12 del viernes pasado y este domingo).

Es así que se alimentan ya no las sospechas, sino indicios muy firmes, respecto de que el oro argentino está en el Banco de Inglaterra, lo cual proviene desde 2024: fue entonces cuando el diputado nacional Sergio Palazzo alertó que el Banco Central trasladó camiones hacia el aeropuerto de Ezeiza, sacando del país lingotes de las reservas sin ninguna resolución oficial que lo respaldara.

Que un episodio de esta naturaleza esté en brumas, para definirlo en forma muy precavida, habla a las claras de las contradicciones insalvables entre el proceder gubernamental y su súbito ataque malvinero.

Análogo a ese factor simbólico, el ministro de Economía dio una charla con pretensiones de clase en la Universidad Torcuato Di Tella. Tal como describió el colega Leandro Renou, también aquí, la autoría de esa convocatoria fue de un tal Club de las Finanzas. Son un grupo de estudiantes ultralibertarios, escindidos de la Agrupación Menem que hace un par de años ganó el centro de estudiantes.

Al tiempo, ese núcleo se partió porque, al parecer, los menemistas huyeron espantados y los ultras mileístas hicieron rancho aparte.

En ese carácter, los segundos invitaron al ministro a esta plácida “conferencia” en la que Caputo les pidió encarecidamente no enojarse con sus padres, aunque, eso sí, deben instarlos a “sacar los dólares de abajo del colchón y a convencerlos de que no tengan miedo”.

Mientras tanto, claro, el ínclito Toto conserva un alto porcentaje de sus dineros formalizados en la Isla de Man, territorio independiente de la corona británica que funciona como paraíso fiscal debido a su casi nula incidencia impositiva sobre las cargas de capital.

Nada de secretos: según sus presentaciones ante la Oficina Anticorrupción, el funcionario posee la gran mayoría de su patrimonio fuera de Argentina, repartido entre Estados Unidos y esa guarida en el mar de Irlanda.

Renou ya había dado cuenta de ese pequeño detalle en una nota de mayo del año pasado, incluyendo que el mismísimo FMI observó a ese enclave del mar irlandés como parte de la requisa global Paradise Papers, por violar normas de tributación internacional.

El hecho se reactivó (es una forma de decir, porque la protección periodística sobre Toto tiene alcances considerables) cuando otro colega, Jon Heguier, consultó a Caputo acerca de si él y miembros del Gabinete traerían la plata que tienen fuera de Argentina, o si volcarían al mercado la de debajo del colchón.

Toto reaccionó llamándolo “irrespetuoso” y solicitándole, en tono altisonante, que no se pasara de listo. Pero lo que no hizo en absoluto fue desmentir la información sobre el dinero en el exterior. Invitó a Heguier a “rectificarse de inmediato” acerca del colchón, porque se trataría de divisas no declaradas. Muy por el contrario, se desentendió olímpicamente de responder en torno a cuál sería su vocación patriótica para reinvertir en el país.

Tenemos así que el oro de las reservas argentinas continúa en conjetura firme de estar depositado en Londres. Que Caputo la tiene casi toda afuera, mientras reclama confianza para sacarla de debajo de la cama. Que haber quitado gravámenes a los bienes suntuarios permitió dejar de percibir una cifra estratosférica (alrededor de un billón de pesos).

Y que, por arte de magia, resulta que sí hay plata para incrementar fondos hacia el Ministerio de Defensa, la Side y una nueva compra de chatarra voladora para exhibir potencia armada.

El galtieroide, a estos fines, se metió la Escuela Austríaca, la restricción emisora y la ortodoxia monetaria donde el buen gusto persiste en evitar su nombre directo.

Sin perjuicio de todo lo anterior, en términos reveladores o ratificatorios, estos aspectos demuestran por enésima vez que la pelota no se sitúa -centralmente- en el campo de la gestión libertarista.

Allí todo está dicho. Las incógnitas transcurren por intrigas de palacio archisabidas, del tipo de si conseguirán eliminar o postergar las Primarias. Si (algunos de) los gobernadores continuarán siendo tan fácilmente susceptibles para escuchar ofertas. Si asentarán que la percepción de baja inflacionaria oficial habrá de imponerse sobre el bolsillo popular derruido, sobre todo en lo aspiracional de una clase media que no cesa en privarse de “gustitos”. Si el malo conocido siempre será mejor que el sabio por conocer.

El nodo, entonces, infinitamente cansador, se concentra en cuál será la capacidad de la oposición para, siquiera, mostrar alguna punta que estimule entusiasmo o credibilidad.

Nadie, con seriedad analítica, sería capaz de contestar con certeza a esa pregunta.

Todo está en danza y eso, frente a la ansiedad reinante de pretender respuestas ya mismo, candidaturas ya mismo, programas de gobierno ya mismo, es difícil de soportar.

Hay que hacerse cargo de esta “democracia” algorítmica, que nos pauta antes sensaciones que convicciones.