24/04/2026.- Por Juan Carlos Junio (Secretario General del Partido Solidario. Director del Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini”) .- Foto portada: Luis Caputo y Kristalina Georgieva. Imagen: Noticias Argentinas.
¡Lo hicieron otra vez! El Toto de Wall Street al comando de la economía argentina en su tercer ciclo (un récord) se fotografió con sus jefes del JP Morgan y el FMI, tras un nuevo desembolso del organismo. La Directora Kristalina y Caputo presentaron su sonrisa impostada para la foto. El experimentadísimo Ministro ya había logrado otras similares con las titulares del Organismo en sus dos gestiones anteriores. Ahora está yendo por la tercera desde su convicción para endeudar al país. Resulta lógica su alegría declarando que: “el acuerdo es buenísimo”. Ya lanzado a vender optimismo agregó: “se vienen 18 meses extraordinarios”. Como vemos, el Toto no es hombre de sutilezas comunicacionales y mucho menos de vocación por la verdad, ya que el acuerdo surge de la decisión política de D. Trump de apoyar a su pupilo argentino, mucho más ahora que lo abandonan nuevos y viejos amigos de todo el planeta, particularmente la ciudadanía de su propio país.
Mientras tanto, el Presidente Trump sigue con sus guerras, junto a su socio Netanyahu que viene del genocidio en Gaza; bombardeando a poblaciones civiles en su afán por recuperar su declinante dominio y usurpar el petróleo a todos los países que pueda. Por aquí, en este remoto lugar del mundo, su pequeño y ruidoso presidente de ultraderecha y sus ignotos ministros fingen y teatralizan una realidad inexistente de mejoría para el pueblo, aplicando a rajatabla el modelo ortodoxo liberal que va generando una bancarrota para la vida ciudadana, potenciado por la emergencia de corrupciones diversas que van desde coimas en los servicios para personas con discapacidad, a estafas cripto, embaucando a miles de incautos.
La crisis de Milei y su proyecto político-económico y el relato violento contra toda alternativa popular, va adquiriendo un carácter orgánico, o sea, en toda su estructura: fracaso de la macroeconomía con necesidad compulsiva de endeudamiento, crecimiento del descontento y la protesta por los crecientes padecimientos que sufren las mayorías humildes y las clases medias, corrupciones de la cúspide del gobierno; con la consecuente expansión en los medios del poder de la “preocupación” por los desquicios de la gestión, que compromete la norma más sagrada del establishment: “la gobernabilidad”, es decir, la estabilidad de su poder real y permanente.
Una parte de los núcleos hegemónicos muestran su apoyo a la gestión, a pesar de la emergencia ya pública de los vicios del Gobierno, y por los crecientes riesgos de que la pérdida de consenso mute a un incremento de la conflictividad social. El Presidente de la Sociedad Rural se fotografió con Adorni; Natalio Grinman, Presidente de la CAC, critica a quienes critican al Jefe de Gabinete caído en desgracia, y el súper millonario Galperín tilda de escandalosos a quienes enfatizan las corrupciones de Adorni. Por su parte, otros sectores del establishment, comienzan a transformar su preocupación en la búsqueda de siempre por articular nuevas opciones políticas de “centro moderadas y responsables”.
En otro orden, en Barcelona, durante el trascendente evento internacional convocado por el socialista español Pedro Sánchez, se pusieron sobre la mesa los grandes dilemas del progresismo ante el avance de la ultra derecha, aunque en los últimos tiempos van perdiendo ímpetu y elecciones. Concurrieron al encuentro más de 100 fuerzas políticas, y de nuestro Continente sus representaciones más destacadas: Lula, Claudia Scheinbaum, G. Petro, Yamandú Orsi, el alcalde de Nueva York Zohran Mamdami y A. Kicillof junto a una representación de parlamentarios del PJ. Fue notable la decisión de la Presidenta mexicana y del Presidente Lula, mostrándose con un afiche reclamando Cristina Libre. La cumbre progresista enfatizó su repudio a las guerras desatadas por el imperialismo con sus devastaciones a la vida de sus pueblos. Los debates no eludieron los fuertes dilemas políticos y económicos, ya que las desigualdades crecientes obligan a nuevas respuestas. Señalan que si las promesas no se cumplen, sobrevienen las frustraciones.
Consecuentemente, se debe enfrentar la distribución de riquezas afectando a los sectores enriquecidos, asumiendo la inevitable conflictividad y apelando al propio pueblo en pos de no perder legitimidad. Al debate se sumó la necesidad imprescindible de corregir visiones malogradas que abren camino a mesianismos de las ultraderechas, para lo cual se deben romper los encorsetamientos que surgen desde los centros de poder para restringir los proyectos populares y progresistas. No hay margen para eludir propuestas programáticas que salgan al encuentro de las demandas de las mayorías postergadas por el modelo de las oligarquías.
Siempre volvemos a García Linera: “se deben superar las frustraciones colectivas que dejan los progresismos timoratos y las pérdidas de status de las clases medias”. Linera reitera que la “anomalía de Milei es una manera retorcida de canalizar la frustración hacia el odio”, de allí que hay que ir hacia “propuestas de transformación capaces de volver a levantar esperanzas colectivas, dejando atrás los conservadurismos de algunos progresismos actuales. Las victorias y derrota son cortas”. Lo popular para “ser protagonista de esta disputa está obligado a un porvenir reinventado con más igualdad y democracia económica”.







