13/05/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Javier Milei, todavía no entiende que el problema es la desconfianza de los mercados y de los inversores en él y si equipo de gabinete. Imagen: Web.
El gobierno de Javier Milei festejó durante días la baja del riesgo país como si fuera la confirmación definitiva del éxito económico libertario. Pero la euforia oficial chocó de frente con una advertencia demoledora de Moody’s, que dejó expuesto que los mercados financieros todavía ven a la Argentina como una bomba de tiempo.
Aunque el riesgo país perforó los 500 puntos y el oficialismo salió a vender el dato como una “validación internacional” del ajuste, desde Moody’s advirtieron que los bonos argentinos siguen operando con niveles de desconfianza muy superiores a los de países con la misma calificación crediticia.
La frase cayó como un misil sobre el relato económico libertario. “El precio del riesgo argentino sigue siendo más alto de lo que indican nuestras calificaciones”, explicó Marie Diron, directora global de riesgo soberano de Moody’s. Traducido al lenguaje político: los inversores todavía creen que la economía argentina sigue siendo extremadamente frágil pese al ajuste salvaje que impulsa el Gobierno.
La señal golpea especialmente al ministro de Economía Luis Caputo, quien viene sosteniendo que la gestión libertaria ya recuperó la confianza global y que incluso podría volver a financiarse en los mercados internacionales sin problemas.
Sin embargo, detrás del rebote financiero y de la mejora parcial de la calificadora Fitch Ratings, el mercado sigue mostrando dudas profundas sobre la sostenibilidad política y social del modelo económico de Milei.
El dato más incómodo para el Gobierno es que Argentina continúa pagando tasas de riesgo similares a países con peores notas crediticias. Incluso Ecuador, que comparte la misma calificación que Argentina, exhibe un riesgo país considerablemente menor.
La explicación es simple y brutal: los fondos de inversión todavía creen que el experimento libertario podría descarrilar en cualquier momento por la recesión, el deterioro social y la incertidumbre política.
Detrás de la baja del riesgo país aparece además otra realidad que el oficialismo intenta ocultar: la mejora fiscal se sostiene en gran parte gracias a un ajuste feroz sobre jubilados, provincias, universidades, obra pública y salarios estatales. Incluso Fitch reconoció que el equilibrio fiscal se alcanzó debilitando las finanzas provinciales.
Los mercados, además, miran con enorme preocupación el calendario político y financiero de los próximos años. En 2027 Argentina enfrentará vencimientos de deuda superiores a los 23 mil millones de dólares y el temor de los inversores es que el esquema actual no resista una nueva crisis cambiaria o una derrota política del oficialismo.
Por eso los bonos de corto plazo muestran cierta recuperación, mientras los títulos que vencen después del mandato de Milei siguen reflejando fuertes niveles de desconfianza.
En el fondo, el mensaje de Moody’s fue devastador para el relato libertario: el mercado puede celebrar el ajuste en el corto plazo, pero todavía no cree que el modelo económico tenga estabilidad duradera ni respaldo político suficiente para sobrevivir sin nuevas turbulencias.
Mientras el Gobierno festeja indicadores financieros y promete una lluvia de inversiones, las calificadoras internacionales dejaron claro que el fantasma de otra crisis argentina sigue más vivo que nunca.







