18/06/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Cierre de comercios. Ilustrativa. Web.
Lo que hace apenas unos años parecía imposible de escuchar hoy resuena con fuerza entre los comerciantes salteños: hay quienes aseguran que durante la pandemia se vendía más que en la actualidad.
La frase, contundente y cargada de preocupación, pertenece a Silvana Yarade, referente de una reconocida firma del rubro indumentaria, quien describió un panorama que para muchos empresarios y comerciantes ya se transformó en una auténtica pesadilla económica. Mientras el Gobierno nacional insiste en destacar indicadores macroeconómicos y una desaceleración de la inflación, la realidad que muestran los mostradores, las cajas registradoras y los locales comerciales parece contar otra historia.
Las ventas siguen cayendo, el consumo continúa deprimido y cada vez son más los comerciantes que luchan para sobrevivir en un mercado que parece haberse quedado sin compradores.
«En la pandemia vendíamos re bien»
La declaración de Yarade sorprendió por su crudeza. Durante una entrevista radial, la empresaria aseguró que el escenario actual resulta incluso más complicado que el vivido durante las restricciones sanitarias por COVID-19.
«En la pandemia vendíamos re bien», afirmó, trazando una comparación que refleja la magnitud del deterioro que atraviesa el sector comercial.
La frase sintetiza una realidad que se repite en numerosos negocios de Salta: locales abiertos, vidrieras iluminadas y cada vez menos clientes cruzando la puerta.
Impuestos asfixiantes y consumo en caída libre
Según explicó la comerciante, uno de los mayores problemas que enfrentan los negocios es la creciente presión tributaria.
«La parte impositiva está tremenda. Se paga muchísimo. No te perdonan los impuestos», sostuvo.
Para quienes intentan sostener estructuras formales, empleados registrados, alquileres, servicios y mercadería, la ecuación se vuelve cada vez más difícil. Los costos continúan aumentando mientras la capacidad de compra de los consumidores sigue deteriorándose. El resultado es devastador: menos ventas, menor rentabilidad y negocios que apenas logran mantenerse en pie.
El derrumbe también golpea a los proveedores
La crisis no termina en los comercios. Detrás de cada local existe una cadena productiva que también está sufriendo las consecuencias de la caída del consumo. Yarade explicó que muchos fabricantes y proveedores redujeron su actividad o directamente desaparecieron del mercado.
«Antes tenía un millón de proveedores. Ahora tengo muchos menos», graficó.
La situación refleja el impacto que atraviesa la industria textil nacional, uno de los sectores más castigados por la retracción del mercado interno. Cada fábrica que cierra implica menos producción, menos empleo y menos opciones para quienes intentan sostener la oferta de productos nacionales.
Una tormenta perfecta para el comercio
Los comerciantes describen una combinación explosiva de factores que golpea simultáneamente al sector. Por un lado, la presión impositiva. Por otro, la caída del poder adquisitivo. A eso se suman los aumentos de costos operativos, los alquileres, los servicios y las dificultades para reponer mercadería.
Pero el problema central sigue siendo el mismo: la falta de consumidores.
Cada vez más familias priorizan gastos esenciales como alimentos, transporte o servicios básicos, dejando para más adelante compras consideradas secundarias, entre ellas la indumentaria.
Locales abiertos, cajas vacías
La postal se repite en distintos puntos de la ciudad. Locales que permanecen abiertos durante toda la jornada, comerciantes esperando clientes que no llegan y ventas muy por debajo de los niveles históricos. La preocupación crece porque muchos empresarios ya agotaron promociones, descuentos y facilidades de pago sin lograr revertir la tendencia. Mientras tanto, sostener el stock, mantener la calidad de los productos y cumplir con todas las obligaciones fiscales se vuelve una tarea cada vez más compleja.
El comercio salteño en estado de alerta
Las declaraciones de Yarade reflejan una preocupación que atraviesa a buena parte del sector privado. Lejos de percibir una recuperación, numerosos comerciantes sostienen que atraviesan uno de los períodos más difíciles de los últimos años.
Y la frase que más ruido genera es precisamente la que resume el sentimiento de muchos empresarios: si hoy algunos recuerdan la pandemia como un momento económicamente mejor que el presente, es porque la profundidad de la crisis actual ya encendió todas las alarmas.







