15/09/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Ilustrativa. Web.
Los líderes nacionalistas de tres de las cuatro regiones británicas firmaron un documento para reclamar el derecho a decidir su futuro. El planteo vuelve a poner en discusión la unidad del Reino Unido y abre un frente sensible por el argumento de la autodeterminación utilizado por Londres en el conflicto por Malvinas.
El Reino Unido enfrenta un nuevo desafío político a su estructura histórica. Escocia, Gales e Irlanda del Norte, tres de las cuatro regiones que integran el Estado británico, avanzaron con una declaración conjunta en favor del derecho a decidir sobre su futuro y reclamaron la posibilidad de celebrar referendos de independencia.
El documento fue firmado en Cardiff por Rhun ap Iorwerth, líder del Plaid Cymru de Gales; John Swinney, ministro principal de Escocia y dirigente del Partido Nacionalista Escocés (SNP); y Michelle O’Neill, representante del Sinn Féin en Irlanda del Norte.
Los dirigentes sostuvieron que el gobierno central de Westminster no debería impedir que las distintas naciones definan su futuro político. La declaración constituye un hecho inédito, aunque sus firmantes aclararon que cada región avanzaría a su propio ritmo y que el documento fue suscripto en carácter partidario, no como una decisión formal de sus respectivos gobiernos.
Una unidad construida durante siglos
La estructura política británica es resultado de un proceso que se extendió durante varios siglos. Gales se incorporó a Inglaterra en 1536, mientras que la unión entre Escocia e Inglaterra se produjo en 1707.
En 1801 se incorporó Irlanda, aunque la configuración territorial cambió radicalmente después de la guerra de independencia irlandesa. En 1922, la isla quedó dividida entre la República de Irlanda, independiente, e Irlanda del Norte, que permaneció dentro del Reino Unido.
La situación de Irlanda del Norte arrastra además una historia marcada por la violencia. Durante las décadas de 1960 y 1970 comenzó un conflicto entre nacionalistas, mayoritariamente católicos, partidarios de la unificación con Irlanda, y unionistas, mayoritariamente protestantes, que defendían la permanencia dentro del Reino Unido.
El enfrentamiento dejó más de 3.600 muertos y terminó políticamente con el Acuerdo de Viernes Santo de 1998. Ese pacto incluyó una disposición fundamental: la población norirlandesa puede decidir mediante un referendo si quiere continuar formando parte del Reino Unido o integrarse a la República de Irlanda.
Irlanda del Norte y el argumento de la autodeterminación
La dirigente del Sinn Féin Mary Lou McDonald volvió a poner el foco sobre ese derecho y sostuvo que la autodeterminación es un principio que no puede ser eliminado por decisión de un primer ministro.
El argumento adquiere una dimensión especialmente sensible para la Argentina porque la autodeterminación es uno de los principios que el Reino Unido invoca en su posición sobre las Islas Malvinas.
La contradicción señalada en el análisis es evidente desde la perspectiva argentina: mientras Londres defiende el principio de autodeterminación para sostener su posición sobre las islas, los nacionalistas británicos utilizan el mismo concepto para reclamar el derecho a decidir sobre la continuidad de sus propias regiones dentro del Reino Unido.
Escocia busca una nueva oportunidad
El caso escocés tiene una historia política diferente. El Partido Nacionalista Escocés (SNP) creció con fuerza desde la década de 1980, en medio de la transformación económica provocada por la desindustrialización durante el período de Margaret Thatcher.
En 2014, el SNP consiguió que el gobierno de David Cameron aceptara la realización de un referendo sobre la independencia. Sin embargo, el 55% de los votantes rechazó la separación, mientras que el 45% respaldó la independencia.
Uno de los factores centrales de aquella derrota fue el temor a que una Escocia independiente quedara fuera de la Unión Europea.
Dos años después, el escenario cambió drásticamente. En 2016, el Reino Unido votó a favor del Brexit, mientras que los escoceses se pronunciaron mayoritariamente por permanecer dentro del bloque europeo.
Ese resultado modificó el escenario político. Para el SNP, la salida de la Unión Europea volvió a darle fuerza al argumento de que Escocia debería decidir por sí misma su relación con Europa y con Londres.
Gales también cambia el mapa político
Gales representa otro frente para Londres. Después de décadas de predominio laborista, el independentismo del Plaid Cymru, partido de centroizquierda, consiguió un resultado significativo en las elecciones de mayo.
Según el artículo de base, el Plaid Cymru obtuvo 34% de los votos, seguido por Reform UK con 29%, mientras que el laborismo quedó tercero con 11%.
El avance independentista, sin embargo, no implica que Gales esté cerca de una separación inmediata. Su líder, Rhun ap Iorwerth, se mostró más prudente y puso el acento en conseguir mayores niveles de autonomía antes que en establecer una fecha concreta para un referendo.
Un frente político que puede complicar a Londres
La declaración conjunta abre una discusión que puede ser difícil de administrar para el gobierno británico. Escocia, Gales e Irlanda del Norte tienen movimientos independentistas con historias, fuerzas electorales y objetivos diferentes, por lo que una estrategia común no significa necesariamente que exista un camino inmediato hacia la disolución del Reino Unido.
En Irlanda del Norte, uno de los principales riesgos es que el debate sobre la separación vuelva a profundizar las divisiones entre nacionalistas y unionistas. En Escocia, el independentismo todavía debería superar el desafío de conseguir una mayoría que no obtuvo en 2014.
En Gales, además, las fuerzas contrarias a la independencia continúan teniendo un peso considerable.
Trump y el futuro de Irlanda
El debate también recibió una declaración inesperada desde Estados Unidos. Durante una visita a la República de Irlanda, Donald Trump manifestó su respaldo a la posibilidad de una Irlanda unificada y consideró que eventualmente podría concretarse.
La posición estadounidense agrega un componente internacional a una discusión que hasta ahora estaba concentrada principalmente en Londres y las distintas naciones británicas.
Malvinas: el punto que vuelve a incomodar a Londres
El aspecto que más repercusión puede tener para la Argentina está en el uso del concepto de autodeterminación.
El documento firmado por los dirigentes de Escocia, Gales e Irlanda del Norte utiliza ese principio para reclamar el derecho a celebrar consultas populares sobre su futuro político.
La cuestión genera una comparación inevitable con la posición británica respecto de las Islas Malvinas, donde Londres sostiene precisamente el principio de autodeterminación como uno de los fundamentos de su postura.
Desde la mirada argentina, el escenario abre un nuevo interrogante: ¿cómo puede Londres defender la autodeterminación en Malvinas y, al mismo tiempo, negar ese derecho cuando es reclamado por movimientos políticos dentro de su propio territorio?
El gobierno británico sostiene históricamente que ambas situaciones son diferentes. Sin embargo, el avance coordinado de los movimientos nacionalistas de Escocia, Gales e Irlanda del Norte vuelve a poner ese argumento bajo presión política y discursiva.







