18/12/2025.- Salta al Instante.- Foto portada:
La reforma laboral de Javier Milei entró en zona de turbulencia. Mientras el Gobierno intenta apurar el dictamen en el Senado, la CGT y la CTA irrumpieron en el debate y obligaron a Patricia Bullrich a recalcular. En medio de movilizaciones, presión sindical y un clima político cada vez más espeso, la jefa del bloque libertario admitió que analiza cambios al proyecto que pretende barrer derechos históricos de los trabajadores.
El dato no es menor: la ministra reciclada en senadora recibió formalmente los planteos de las centrales obreras en la Comisión de Trabajo y Previsión Social, justo cuando el oficialismo intenta acelerar los tiempos para conseguir dictamen y avanzar hacia una media sanción exprés. El mensaje fue claro: sin conflicto social no pasa.
Bullrich, que suele mostrarse inflexible cuando se trata de reprimir protestas, eligió esta vez un tono más cuidadoso. Reconoció que ya tiene en sus manos el documento con las modificaciones propuestas por la CGT y la CTA, y confirmó que serán “evaluadas”, una palabra que en el mundo libertario suena casi a concesión forzada.
El encuentro se dio tras idas y vueltas y en un contexto de máxima tensión. Los gremios habían anticipado que participarían del debate recién después de la movilización a Plaza de Mayo contra una reforma que califican de regresiva, anticonstitucional y hecha a medida de las patronales. Finalmente, se sentaron en el Senado… pero no fueron a negociar migajas.
“Esto va contra los derechos”
Durante la exposición en comisión, los dirigentes sindicales dejaron en claro su rechazo total al proyecto. Por la CGT participaron Jorge Sola, Octavio Argüello y Cristian Jerónimo, mientras que por la CTA lo hizo Hugo Yasky, quien no ahorró críticas. El diagnóstico fue unánime: la reforma laboral avanza sobre conquistas básicas y consolida un modelo de precarización que Milei intenta imponer por ley.
Bullrich, presidenta del plenario de comisiones de Trabajo y de Presupuesto, admitió que la oposición sindical no sorprendió al oficialismo, pero aseguró que “era importante escucharla”. Traducido del idioma político: la presión empezó a doler.
Aun así, La Libertad Avanza insiste en apurar los plazos. Bullrich confirmó que el objetivo es firmar dictamen “entre hoy y mañana” y continuar este jueves con la ronda de expositores, en una carrera contrarreloj para evitar que la calle y las divisiones internas le hagan naufragar el proyecto.
Rosca, apuro y final abierto
El Gobierno necesita juntar firmas y para eso negocia contrarreloj con los bloques “dialoguistas”, que ya marcaron objeciones al texto original. La demora del Ejecutivo en enviar el proyecto al Senado obligó incluso a reordenar el cronograma legislativo, dejando al descubierto la improvisación que rodea una de las reformas más sensibles del plan Milei.
Si logra dictamen de mayoría, Bullrich podría anotarse su primera victoria política como armadora libertaria en la Cámara alta. Pero nada está garantizado: la postura de la UCR y el PRO sigue siendo una incógnita, y el rechazo social crece al ritmo de las protestas.
Mientras el Gobierno habla de “modernizar” el mercado laboral, los gremios advierten que lo que está en juego es un retroceso histórico en derechos. La pulseada está abierta y el Senado ya no es una alfombra roja para la motosierra. La calle, esta vez, golpea la puerta.







