22/06/2026.- Por Pulso cordobés.- Foto portada: Selección Argentina. Ni el Mundial ni Messi podrán anestesiar el despojo libertario que castiga a los argentinos. Imagen: AFA.
La ecuación es simple: a más euforia, menos explicaciones. Sin embargo, ni el Mundial ni Messi podrán anestesiar el despojo que sufrimos día a día. Tarde o temprano, la realidad sale a la cancha.
El Mundial. Así, dicho en esas dos palabras, suena inocente. Sin embargo, según quién lo pronuncie y qué términos se le vayan agregando, el significado cambia por completo.
“Ojalá el Mundial dure 100 años”. Dicho desde la boca del Jefe de Gabinete y ex vocero presidencial Manuel Adorni, suena a un deseo profundo de que toda la atención pública corra detrás de la pelotita. Un ruego para que, por un siglo, nadie hable de su meteórico enriquecimiento ni de su llamativo patrimonio personal, un blindaje que lo abarque a él y a su esposa, la señora Bettina Angeletti.
“Ojalá Argentina pierda el Mundial”. La frase, en boca de un jubilado cordobés, no es falta de patriotismo: es la expresión desesperada de quien necesita que termine el fervor celeste y blanco para que los diarios, las redes, las radios y la televisión vuelvan a hablar de la crisis económica. Esa realidad que el Gobierno dibuja en planillas de Excel pero que la gente de a pie sufre a diario en el mostrador del almacén, la farmacia o la carnicería. El sufrimiento, está claro, no es para los Adorni.
Sin embargo, lo diga quien lo diga y se use la frase que se use, nunca se podrá tapar el sol con la mano. Ninguna Copa del Mundo va a ocultar el desfinanciamiento criminal de nuestras universidades públicas, ni los latigazos que caen sobre las familias que tienen a una persona con discapacidad a cargo.
Mucho menos van a lograr que nos olvidemos del frío: los mismos diputados libertarios cordobeses que seguramente celebran cada gol argentino levantaron la mano impiadosamente para eliminar los subsidios de las zonas frías, una condena a miles de hogares del interior provincial a pagar tarifas de gas impagables en pleno invierno, castigo que aún tiene que pasar por la Cámara Alta. Todo esto pasa mientras el Pami Córdoba luce cada vez más desmantelado y alejado de las necesidades urgentes de sus afiliados.
Ni Messi, ni el Mundial, ni la euforia colectiva van a poder anestesiar el despojo que estamos sufriendo los cordobeses y los argentinos. La realidad, tarde o temprano, siempre termina jugando los noventa minutos.







