26/06/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Ilustrativa. Web.
BUENOS AIRES.— El dibujo del «milagro económico» libertario se desmoronó por completo bajo el peso de la realidad más cruel. Los datos oficiales de distribución del ingreso publicados por el INDEC terminaron de desnudar el fracaso humanitario del plan de Javier Milei: ocho de cada diez trabajadores en la Argentina ganan menos de 1,5 millones de pesos por mes, quedando atrapados bajo la línea de la pobreza al no poder cubrir el costo de la Canasta Básica Total para sostener un hogar.
Mientras el presidente viaja por el mundo dando discursos mesiánicos y la casta tuitera festeja variables financieras estériles, el organismo oficial de estadística demostró con datos duros que el ajuste salvaje arrasó con el poder adquisitivo. Trabajar en la Argentina de Milei ya no es garantía de salir de la miseria; es, para la inmensa mayoría, un pasaporte al endeudamiento y al hambre.
La crueldad del modelo: Sueldos de indigencia y precarización total
El informe del INDEC revela una brecha escandalosa entre los sueldos y el costo de vida acumulado tras más de dos años de motosierra descontrolada. El ingreso promedio general de los asalariados registrados con descuento jubilatorio apenas araña los $1.375.143, una cifra que ni siquiera roza el costo de la canasta familiar.
Pero el ensañamiento del modelo es todavía más feroz con los sectores más vulnerables:
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La trampa del empleo informal: Los trabajadores en negro, aquellos que el Gobierno promociona cínicamente como la «panacea de la libertad laboral», perciben un ingreso medio de apenas $731.150 mensuales. Un sueldo de hambre absoluta.
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Informalidad récord: El 37,9% de los asalariados en el país está completamente desprotegido, sin aportes jubilatorios ni obra social, en lo que representa una explosión histórica de la precarización laboral bajo el signo libertario.
Desigualdad salvaje: Las ganancias se las llevan las energéticas y las finanzas
El relato oficial de la «recuperación en V» es una burda mentira que solo beneficia a los amigos del poder. Mientras los sectores vinculados a la energía, la timba financiera y las grandes exportadoras acumulan ganancias obscenas, la porción más rica de la sociedad sigue concentrando la torta: el 10% más rico de la población se queda con el 31,2% del ingreso total familiar, mientras que el 10% más pobre apenas sobrevive con el 2%.
En las barriadas populares, la situación es desesperante y desmiente de cuajo el discurso anti-Estado del Gobierno: en el decil más bajo de la sociedad, el 61% de los recursos para no morir de hambre proviene de la asistencia estatal (jubilaciones, asignaciones y pensiones) que el oficialismo vive recortando.
El octavo decil, que marca el límite del 20% de los trabajadores supuestamente «mejor remunerados» del país, promedia apenas $1,4 millones de pesos. Esto significa que en la Argentina de Milei, incluso perteneciendo a la elite laboral, sos formalmente pobre y no podés garantizarle el futuro a tus hijos.
El «milagro» de la desaceleración inflacionaria de la Casa Rosada resultó ser un cementerio de consumo interno y salarios pisados. El plan económico libertario cerró su ecuación de la peor manera: con las corporaciones contando ganancias extraordinarias y el 80% de la clase trabajadora hundida en la supervivencia diaria.







