18/05/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Ilustrativa. Imagen: Prensa Gobierno de la Provincia de Salta.
La crisis laboral en Salta sigue profundizándose y los números muestran un deterioro simultáneo del empleo formal, del entramado empresarial y de las condiciones laborales en toda la provincia. En poco más de dos años, Salta perdió 313 empresas empleadoras y 7.586 puestos de trabajo privado registrado, mientras que la informalidad laboral en el Gran Salta ya supera el 52% de las personas ocupadas.
Los datos surgen de informes elaborados por Politikon Chaco y por el Instituto de Investigaciones Económicas de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Salta, que describen un escenario marcado por el avance de la precarización, la caída del consumo y el debilitamiento de sectores históricamente ligados al empleo urbano, como el comercio, la construcción y la gastronomía.
El panorama refleja una economía cada vez más fragmentada, donde conseguir empleo formal resulta más difícil y donde trabajar ya no garantiza estabilidad, cobertura de salud ni aportes jubilatorios.
Según el relevamiento de Politikon Chaco, la provincia pasó de 9.041 empresas empleadoras registradas en noviembre de 2023 a 8.728 en febrero de 2026. La caída acumulada es del 3,5%.
Aunque el porcentaje aparece levemente por debajo del promedio nacional, el impacto resulta mucho más fuerte en una provincia donde gran parte de la actividad económica depende de pequeñas y medianas empresas, comercios barriales y emprendimientos familiares.
El cierre de firmas arrastra directamente al empleo formal. El informe elaborado con datos de la Secretaría de Trabajo de la Nación indica que Salta perdió 7.586 puestos privados registrados desde noviembre de 2023 hasta febrero de 2026.
La caída acumulada alcanza el 5,9%, muy por encima del promedio nacional, que fue del 3,2%. Sólo entre febrero de 2025 y febrero de 2026 desaparecieron 4.551 empleos privados registrados, una retracción interanual del 3,6%.
El deterioro ubica a Salta entre las provincias más golpeadas por la destrucción de empleo formal durante la actual gestión nacional, mientras otras regiones vinculadas al desarrollo energético lograron sostener o recuperar puestos laborales.
Pero el problema no termina en la pérdida de empleo registrado. Muchos trabajadores expulsados del mercado formal pasan directamente a formas laborales precarias o informales.
El informe del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNSa reveló que la informalidad laboral en el Gran Salta alcanzó el 52,7% de las personas ocupadas hacia fines de 2025.
Eso significa que más de la mitad de quienes trabajan en el principal aglomerado urbano de la provincia no tienen aportes jubilatorios ni acceso pleno a derechos laborales básicos.
El estudio advierte que la informalidad dejó de ser un fenómeno excepcional para convertirse en uno de los rasgos estructurales más fuertes de la economía salteña.
La situación golpea especialmente a sectores vinculados al comercio, la construcción y los servicios gastronómicos. Según el informe universitario, hoteles y restaurantes presentan niveles de informalidad del 84,4%, mientras que la construcción alcanza el 83,4% y la industria manufacturera el 72,4%.
Al mismo tiempo, la construcción lidera a nivel nacional la destrucción de empleo formal desde noviembre de 2023, con una caída del 13,6%.
Las estadísticas reflejan un fenómeno cada vez más visible: los sectores donde más se pierden empleos registrados son también aquellos donde predominan las formas de trabajo más precarias.
El impacto tampoco afecta de la misma manera a toda la población. Las mujeres aparecen entre las más perjudicadas por el deterioro laboral. Según el informe de la UNSa, la informalidad femenina alcanzó el 55,5% en el último trimestre de 2025, frente al 50,5% de los varones.
La desigualdad también se refleja en los niveles de desocupación. Datos del Censo 2022 ya mostraban que la desocupación femenina en Salta alcanzaba el 10,3%, mientras que entre los hombres era del 5,9%.
Además, el 15,7% de las mujeres ocupadas trabajaba en servicio doméstico, uno de los sectores históricamente más precarizados.
Los jóvenes también aparecen como uno de los grupos más vulnerables frente al deterioro del mercado laboral. La franja de entre 25 y 29 años concentra gran parte de la población económicamente activa salteña y resulta especialmente sensible a los procesos de caída del empleo formal y deterioro salarial.
Otro dato crítico es el avance del cuentapropismo informal. Entre trabajadores independientes, la precarización alcanza al 80,5%.
En muchos casos se trata de personas que fueron expulsadas del empleo asalariado formal y sobreviven mediante changas, pequeños emprendimientos o actividades de subsistencia.
Incluso entre asalariados, la informalidad sigue siendo muy alta y llega al 40,5%.
La precarización también está directamente relacionada con el nivel educativo y los ingresos. Entre quienes tienen estudios superiores completos, la informalidad baja al 18,3%, mientras que entre trabajadores con primaria incompleta alcanza el 69,7%.
La desigualdad se vuelve todavía más extrema cuando se observan los ingresos. Entre el 20% de trabajadores que menos gana, la informalidad alcanza el 98,7%. En el sector de mayores ingresos, cae al 15,8%.
Los informes coinciden en que la informalidad no sólo es consecuencia de la desigualdad social, sino también uno de los mecanismos que más profundiza la brecha económica.
El problema además tiene raíces estructurales. Antes del actual ciclo recesivo, Salta ya exhibía altos niveles de precarización laboral, baja calificación educativa y falta de cobertura social.
Según datos del Censo 2022, el 48,1% de la población económicamente activa no tenía cobertura de salud y entre trabajadores por cuenta propia el 83,1% no realizaba aportes jubilatorios.
Sobre esa estructura históricamente frágil impactan ahora la caída del consumo, el freno de la obra pública, el aumento de costos y la desaceleración económica nacional.
Aunque febrero de 2026 mostró una leve estabilización mensual del empleo registrado, el escenario general sigue reflejando una tendencia cada vez más marcada: menos empresas, menos empleo formal y una expansión sostenida de la precarización laboral en toda la provincia.






