05/02/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Hombre buscando en un contenedor de basura en la Ciudad de Buenos Aires, crudo reflejo que el gobierno de Milei no quiere mirar. Imagen: Web.
La narrativa oficial que pretendía mostrar un Argentina “mejorando” terminó hecha trizas. Un informe demoledor del Centro de Estudios Derecho al Futuro (CEDEF) —vinculado al gobernador Axel Kicillof— reveló que la pobreza en el país está siendo mal medida por el INDEC y es hasta un 9% más alta de lo que admite el gobierno de Javier Milei. La supuesta caída de la pobreza sería, en buena parte, un espejismo estadístico que esconde una realidad mucho más cruda que la que se ventila en los despachos oficiales.
El centro que presentó el estudio cuestiona de raíz las cifras con las que el organismo estatal construye sus indicadores. Bajo la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) —herramienta que el Indec usa para medir la pobreza— aparecen aumentos de ingresos que no se condicen con los datos reales de salarios y jubilaciones que surgen de los registros administrativos oficiales. De cruzar estas series, la supuesta disminución de la pobreza no existe: por el contrario, la cantidad de pobres habría aumentado casi 9% entre el primer semestre de 2023 y el mismo período de 2025.
La denuncia no se queda en una observación superficial: el CEDEF confronta dos realidades estadísticamente irreconciliables. Por un lado, la EPH muestra que trabajadores registrados del sector privado tuvieron un aumento real de ingresos cercano al 12%, e incluso mayores mejoras para jubilados y empleados públicos; por el otro, los datos administrativos oficiales del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) y los registros salariales oficiales exhiben apenas aumentos marginales o incluso caídas reales de ingresos. En el sector público, por ejemplo, mientras la encuesta oficial registra un aumento real del 3%, las estadísticas salariales oficiales muestran una contracción de más del 18%.
Este desfasaje no es un dato menor ni un error técnico: vuelve a situar en el centro de la escena el escándalo sobre las mediciones oficiales que ya había sacudido al Indec en torno a la inflación, la ocupación y los ingresos. La renuncia de Marcos Lavagna al frente del organismo y las presiones políticas para postergar la actualización de los índices han puesto bajo sospecha la credibilidad del INDEC, mientras el gobierno insiste en presentar cifras que parecen más alineadas con un relato que con la realidad de los hogares argentinos.
El segundo elemento crítico que señala el informe es la obsoleta base para calcular la Canasta Básica Total (CBT). El umbral que define quién es pobre se construye sobre ponderadores de consumo de la década de 2004/2005, un universo de bienes y servicios que no representa en absoluto la economía actual, con precios relativos completamente distintos a los de dos décadas atrás. Según el CEDEF y estudios complementarios —como los de la consultora Equilibra— esta desactualización subestima sistemáticamente la verdadera línea de pobreza, maquillando la realidad social en función de canastas que ya no reflejan la vida cotidiana de las familias argentinas.
Para el gobierno nacional, las cifras de pobreza son un dato político vital: sirven para sostener el relato de que la economía está “estabilizándose” después de los ajustes más duros de los últimos años. Sin embargo, se desprende del informe que esa narrativa se apoya más en problemas metodológicos que en mejoras reales de ingresos para la mayoría de los hogares. Esa fragilidad estadística, dicen los críticos, pone en evidencia una manipulación de los indicadores que funciona como una herramienta de marketing político más que como un reflejo de la vida de millones de argentinos.
La polémica no es solo académica o técnica: pone en tela de juicio la credibilidad de las cifras oficiales en un momento donde la población espera respuestas concretas ante un fenómeno social tan sensible como la pobreza. Tras décadas de inflación crónica, salarización defectuosa y desgaste del poder adquisitivo, ahora el problema se agrava con datos que, según varios especialistas, no están midiendo lo que dicen medir.







