IDENTIFICAN RESTOS DE DOCE VÍCTIMAS DEL CENTRO CLANDESTINO DE LA PERLA

11/03/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Se realizaron excavaciones en el centro clandestino de La Perla, Córdoba. Imagen: Gentileza.
Casi medio siglo después de los crímenes de la última dictadura, la tierra volvió a hablar. Y lo que salió a la superficie es la prueba brutal de lo que el terrorismo de Estado intentó ocultar: los restos de doce personas desaparecidas que pasaron por el centro clandestino de detención La Perla, uno de los mayores campos de exterminio del aparato represivo.

La confirmación llegó desde el Juzgado Federal N.º 3 de Córdoba, a cargo del juez Miguel Hugo Vaca Narvaja, que por estas horas avanza en la tarea más difícil de todas: notificar a las familias que, después de décadas de búsqueda, finalmente pudieron saber qué pasó con sus seres queridos.

Las identificaciones fueron posibles gracias al trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), que analizó restos óseos recuperados en excavaciones realizadas en 2025 en terrenos cercanos al predio militar donde funcionó La Perla, en la zona de La Calera, en Córdoba.

No se trató de un hallazgo casual. La búsqueda se concentró en un sector conocido como Loma del Torito, dentro de la guarnición militar, después de que investigaciones judiciales y pericias técnicas señalaran que allí podía haber fosas clandestinas. Las excavaciones permitieron recuperar fragmentos óseos —entre ellos partes de cráneo y un fémur— que luego fueron sometidos a estudios genéticos para confirmar la identidad de las víctimas.

El trabajo científico fue acompañado por un despliegue tecnológico inusual: se utilizaron sistemas de detección aérea y análisis del terreno para identificar alteraciones en el suelo que delataran movimientos de tierra realizados décadas atrás, señales típicas de enterramientos clandestinos.

La investigación judicial lleva años y se nutrió de múltiples fuentes. Entre ellas, el testimonio del teniente coronel Guillermo Enrique Bruno Laborda, quien reconoció haber actuado en La Perla y describió cómo, tras los fusilamientos, los cuerpos eran arrojados a pozos, quemados o removidos antes de la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 1979 para borrar las huellas del crimen.

Por ese centro clandestino de detención pasaron alrededor de 2.500 personas, la mayoría de ellas desaparecidas. La maquinaria del terror funcionó allí entre 1976 y 1978, bajo control del Ejército, como parte del plan sistemático de secuestro, tortura y asesinato que desplegó la dictadura militar.

Las doce identificaciones anunciadas ahora representan apenas una parte de la historia enterrada. Son un resultado parcial de una investigación que todavía sigue abierta y que busca reconstruir lo que el aparato represivo intentó borrar: los nombres, los cuerpos y la verdad de quienes fueron arrancados de sus casas y arrojados a la maquinaria del exterminio.

Porque en La Perla no hubo “excesos” ni “errores”: hubo un sistema de muerte organizado desde el Estado. Y cada hueso recuperado, cada identidad restituida, vuelve a dejarlo en evidencia.

La dictadura intentó desaparecerlos.
La memoria, la ciencia y la justicia siguen haciendo lo contrario: encontrarlos.