AJUSTE EN LA MESA Y DEUDA EN EL BOLSILLO: Con ingresos en caída, seis de cada diez hogares recortan gastos y el consumo se vuelve una estrategia de supervivencia

30/03/2026.- Salta al Instante.- Foto portada:
El deterioro del poder adquisitivo y la falta de señales de recomposición del ingreso están reconfigurando la vida cotidiana de los hogares. En la Argentina actual, consumir dejó de ser una decisión y pasó a convertirse en un ejercicio permanente de ajuste. Con salarios en retroceso, seis de cada diez familias ya recortaron gastos, cambiaron hábitos de compra y resignaron calidad de vida para llegar a fin de mes.

En ese escenario se consolidó lo que una consultora privada definió como la “triple infidelidad”: los consumidores dejaron de ser fieles a marcas, comercios e incluso al origen de los productos. El objetivo es uno solo: abaratar como sea la canasta básica de subsistencia.

El fenómeno no aparece como una reacción pasajera. El informe del primer trimestre de 2026 de la consultora Moiguer muestra que, aunque la actividad económica exhibe una recuperación parcial, el consumo masivo sigue en retroceso. La economía crece por un lado y el bolsillo va por otro.

El cambio también se observa en la lógica de consumo. Durante los años de inflación alta predominaba el “adelantar compras” para ganarle a los precios. Hoy la dinámica es distinta: se administra peso por peso, se comparan promociones, se mezclan canales de compra y se arma un circuito fragmentado para encontrar el precio más bajo.

Pero incluso ese ajuste cotidiano muchas veces no alcanza. Con ingresos deteriorados, cada vez más hogares recurren al endeudamiento para sostener gastos básicos. El problema ya no es sólo acceder al crédito, sino poder pagarlo.

Los niveles de morosidad alcanzaron cifras récord: a comienzos de 2026 el 13,2 por ciento de los créditos personales y el 11 por ciento de las tarjetas de crédito se encontraban en situación irregular. Se trata de una tendencia que acumula más de un año en alza y que refleja un cambio profundo: la deuda dejó de ser un alivio momentáneo y se transformó en un problema estructural.

El consumo se desarma

El informe de Moiguer muestra que el deterioro del consumo se produce en un contexto donde el poder adquisitivo no logra recomponerse. Durante años el consumo funcionó como motor del crecimiento económico, pero esa dinámica se quebró.

El relevamiento del primer trimestre de 2026 indica que el 61 por ciento de los hogares ya redujo gastos en apenas los primeros tres meses del año, cuatro puntos más que en el mismo período de 2025.

Ese ajuste se refleja en cambios concretos en la forma de comprar. Las familias dejaron de concentrar sus compras en un solo lugar y ahora combinan supermercados, mayoristas, comercios de barrio y plataformas online para encontrar mejores precios. Desde noviembre de 2023 las ventas en supermercados cayeron 11 por ciento y en mayoristas un 19 por ciento.

También aparece la llamada “infidelidad a la marca”: nueve de cada diez consumidores dejaron de comprar marcas que antes eran habituales y el 83 por ciento optó por versiones más baratas.

En paralelo, el ingreso de productos importados en las góndolas modifica las elecciones de los consumidores. Según el relevamiento, el 43 por ciento prioriza el precio por sobre el origen nacional o importado.

El informe también presenta un indicador ilustrativo del deterioro del ingreso: el llamado “índice pizza”, que mide cuántas unidades de ese consumo se pueden comprar con un salario mínimo.

En 2026 el ingreso mínimo en la Argentina alcanza para comprar apenas 12 pizzas. La comparación regional deja en evidencia la brecha: en Uruguay el salario mínimo equivale a 51 pizzas, en Chile a 34 y en Brasil a 19. El contraste también aparece al mirar la historia reciente: en 2015 el salario mínimo argentino permitía comprar 33 pizzas.

El deterioro salarial acompaña ese panorama. El salario mínimo pasó de 550 dólares en 2012 a 240 en la actualidad. Al mismo tiempo, el 50 por ciento de los hogares tiene ingresos inferiores a mil dólares y la mitad de las familias considera que sus ingresos están por debajo de la inflación.

De la compra al endeudamiento

Frente a ese escenario, muchas familias no sólo cambian hábitos de consumo: también despliegan estrategias para complementar ingresos.

Un informe del Instituto Argentina Grande (IAG) muestra que la mitad de los hogares tuvo que recurrir a al menos una estrategia adicional. Un tercio utilizó ahorros, otro porcentaje similar pidió dinero a conocidos o se endeudó, y el 10 por ciento llegó a vender pertenencias.

El problema se agrava cuando esas deudas dejan de poder pagarse. En enero de 2026 la morosidad alcanzó niveles récord: el 13,2 por ciento de los créditos personales y el 11 por ciento de las tarjetas estaban en situación irregular. Se trata del nivel más alto desde 2010, con catorce meses consecutivos de aumento y con la mora triplicándose en todas las provincias.

El deterioro del ingreso se explica también por la caída del salario real. Al cierre de 2025, el sector privado registrado había perdido 3,5 por ciento de poder de compra respecto de 2023, el empleo público provincial un 14,2 por ciento y el público nacional un 37,2 por ciento.

A eso se suma el peso creciente de los gastos fijos. Mientras que en noviembre de 2023 una factura promedio de luz, gas y agua en el AMBA, junto con un uso medio de transporte público, representaba el 4,8 por ciento de un salario mediano del sector privado registrado, hoy ese gasto alcanza el 10,8 por ciento.

El resultado es una ecuación cada vez más ajustada: después de pagar tarifas y transporte, queda menos dinero disponible para el resto del consumo.

El cuadro general muestra salarios que no alcanzan, gastos fijos en alza y una deuda que se vuelve estructural. En ese contexto, el consumo dejó de ser un motor de crecimiento y pasó a convertirse en un ejercicio cotidiano de supervivencia.